celiana
Esa soy yo, es lo que hay.
La necesidad imperante
me hizo retroceder, para tomar aire.
Y así devolver a mis ganas
La voluntad.
No fue hasta más allá,
que me di cuenta que no me quedaba nada.
Nada que aportar.
Así que envolví con fuertes gritos
el reflejo muerto de mi cara,
para ver si así,
despertaba.
No sucedió nada.
Solo el brazo se movió
para callar a la boca,
que ya estaba enferma.
Algo de sangre corrió
por mis venas,
Y fue que me di cuenta
que aún respiraba.
No voltee a ver a nadie,
por miedo a que alguien me llevara.
Solo el reflejo, me miraba.
Me decía que ya estaba cansada,
de ser victima de mis escándalos.
Ya no lo soportaba.
No hice caso.
Su voz no me significaba nada,
Ni mucho menos el latido
que batió fuerte su corazón,
Y que retumbo,
en mis oídos como llanto.
Inmóvil estaba,
y sus labios se rieron de mi ignorancia,
al desconocer la verdadera metáfora,
que la situación me quería enseñar.
No exprese palabra,
porque sabia que algo malo
me iba a pasar.
Y contra el vacío cuarto
de aquella casa solitaria,
golpee la cabeza,
para ver si así se mataba.
Fueron los fuertes chillos,
lo que hizo que ellos
vinieran por mí.
No les dije nada,
tampoco a ellos les importaba.
Así que me quede sentada,
esperando que todos se callaran.
Nadie dijo nada,
Nadie se llevo nada.
Solo hubo un comentario
referido a lo que rociado
En el suelo.
Yo solo dije
Que era yo.