prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Miraba el insomnio de los peces
entre fusiles de un barco pirata
en el reflejo de luminoso pantano
y pensaba en los tatuajes de aquellos espíritus
fieros que volvían a desenredar
la vegetación del fango.
Soy arquitecto de las nuevas jaulas del credo
-dijo un sombrero de la ebriedad
colgado en la degeneración de árbol-
y quiero curar de espejo la insurrección de las catedrales acuáticas,
el aleteo borroso de la insidia.
La sombra de espantapájaros era un cielo de gusanos
y las baladas de las chicas góticas sonaban en su cráneo.
Soy lluvia de nubes exorcizadas, un paradigma de la humedad,
el traje de pirañas
medido por el ángel de la guarda,
el trauma de los railes, la desesperada longitud de un paralelismo
que justifica a las piedras de abandono.