Dale la vuelta al sombrero y verás ojos cuadrados,
ventanas del retorno en su nido de piedra.
Mira esa estrella,
su ropa y su delirio.
Te conocí con el coral vistiéndote,
fuimos la luz en la luz, la noche en el eclipse.
Yo te acerqué a la espuma,
a esa noria de sal que habita los espejismos.
¿Recuerdas aquella luz diminuta,
cuando la hoguera de julio columpiaba tu sangre en la mía?
Sin hogar, sin hogar el deseo, tu verbo herido por un mapa,
los dos como eternos payasos con su copa y su cristal
de hojas oscuras.
Un rayo escoge mi dedo y apunta a tu verdad.
Tú mi mar acariciado en isla, la primavera que no ceja en quererse viento.
Yo amo tus portales porque sé cuando amanecen sexo,
yo el orangután que vigila, yo tu firma de aullidos y mercurio,
yo la lengua que no habla.
He visto tu cruz como una resplandeciente noche.
ventanas del retorno en su nido de piedra.
Mira esa estrella,
su ropa y su delirio.
Te conocí con el coral vistiéndote,
fuimos la luz en la luz, la noche en el eclipse.
Yo te acerqué a la espuma,
a esa noria de sal que habita los espejismos.
¿Recuerdas aquella luz diminuta,
cuando la hoguera de julio columpiaba tu sangre en la mía?
Sin hogar, sin hogar el deseo, tu verbo herido por un mapa,
los dos como eternos payasos con su copa y su cristal
de hojas oscuras.
Un rayo escoge mi dedo y apunta a tu verdad.
Tú mi mar acariciado en isla, la primavera que no ceja en quererse viento.
Yo amo tus portales porque sé cuando amanecen sexo,
yo el orangután que vigila, yo tu firma de aullidos y mercurio,
yo la lengua que no habla.
He visto tu cruz como una resplandeciente noche.