Hotarubi
Poeta recién llegado
El pungi suena en la eritropsia del alba,
trenzando las aristas de la geometría
como serpiente que se contornea
en la resistencia de paredes arteriales,
siendo mi lengua bífida ,
la que une dos lugares
en los capilares del tiempo.
Siendo ecdisis de los confines del ego
respiración circular ritmica de mi vena,
tu lazo filosofal ensortija los espacios
y la proa, y la popa, y el mar de tu afán
me anclan al tacto suculento de tus labios,
pálida y sumisa la demencia aguarda
dosis filtrada en baños de sangre y tierra.
Y se entrega, completa, al frenetismo
parado del jadeo
como depredador que observa
la dibujada termografía de su víctima.
Dedos mojados en arsénico del crótalos,
psicotóxica relamerse la curiosidad
de hallarse a sí misma en lo desconocido.
Destreza y práctica del mitridatismo
contra la maquinal entelequia;
espasmo que depura íntegra e íntima
la ingravidez atractiva de la gravedad;
chupa gota a gota, dedo a dedo,
lame, bebe y devuelve latidos
al pletórico corazón que me estalla.
Mi amor es el neófito vampiro
que paladea cada parte de ti,
despierta irreprimible en tus brazos
la eterna sapidez de pensarte;
inmortalidad del sudario del pericardio.
Tan solo yo puedo devolverte a la vida,
tan solo tú puedes alimentarme.