danie
solo un pensamiento...
En la sombra del día,
en la luz de la noche…
se oyen los cantos
de un bosque macizo
con sueños de piedras y calcáreas sonrisas.
Un milenario deseo de las criptógamas
que laten en las campanas del viento,
que arropan con sus odas al desierto
y su estiaje…
Gimen con alegría
a las mocedades de un averno
en donde las horas son hogueras del pensamiento.
Son las elegías de mártires alados de un cielo,
una danza fortuita sobre lágrimas de yeso y caliza.
Incluso un boquete de demencia
sobre las lápidas de los minutos,
ya extintos y sin precedencia.
Horas, minutos, segundos de un albor
agonizando con su herida…
Vestigios nómadas de los ecos de la existencia,
de la maleza con savia fugitiva,
desertora del nirvana y sus alturas,
confinada a los corroídos huesos de las basílicas vacías,
pero siempre con un júbilo morboso
sobre el ritual del presente.
¡Oh, soledad que con su gélido orfeón
Así las fechas ya sin calendario…
y las lozanías de la extirpe,
mientras los ojos Góngora
sangran escurriéndose por mis manos,
pero siempre con el sardónico jolgorio
de la historia
y sus rostros humanos.
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