• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Hombres y carretones

lucov

Poeta recién llegado
Caminaba vacilante, algo ebrio, con un casco de seguridad ladeado sobre su cabeza baja, se apoyaba con su mano derecha en un saco a medio llenar que descansaba sobre su espalda. El crepúsculo abría las puertas a las sombras de la noche en la calle en donde se juntaban los carretones de manos y fleteros de ocasión bajo el alero de una fábrica abandonada, apartada de vecinos y tránsito de vehículos.

-Allá viene el flaco del casco.

La mujer atrajo la atención de su acompañante en

Labor de separar cartón, el papel blanco, las cajas plataneras por tener diferentes precios al ser vendidas. Y le preguntó al hombre del casco.

-El carretón donde está?

-Me lo robaron.

El hombre y la mujer se acercaron extrañados, sin comprender lo que habían escuchado al recién llegado que tiraba el saco con rabia al suelo.

-Entre a tomar en el bar de la casa grande, desperté en la calle al lado de la puerta y el carretón ya no estaba, recorrí buscándolo toda la tarde preguntando si alguien lo había visto, pero nada.

-¿Habías entregado el cartón?

-Si, pero, tenía botellas para vender, las frazadas y la comida, ahora no se en qué lugar voy a dormir y cómo voy a trabajar.

-Tírate aquí. Te presto un abrigo, me lo regaló una vieja con otras ropas que vendí. Formó una cama con cartones, para taparse tuvo que dormir encogido, el abrigo no alcanzaba a cubrirlo. Cuando despertó tenía frente a él un carretón grande y al viejo fumando sobre su vehículo, inclinado por su peso.

-Te robaron tu chatarra.

-Fue ayer, como vuelan las noticias.

-Estoy enfermo y tengo que retirar el cartón y el papel, si me ayudas compartiremos las ganancias mientras aparezca tu carro.

Aún dormido y con una terrible sed se levantó a ordenar los cartones que le habían servido de colchón. Nunca habían sido amigos, se conocían porque dormían en el mismo lugar, el viejo era un solitario, se rumoreaba que tenía familia y varias veces le habían visitado con la intención de llevarlo a una clínica, siempre prefería su carretón y la calle.


-Está bien, no tengo en que trabajar y no deseo pasar los días sin tener que comer.

Todos los días salían de madrugada o en la noche en un recorrido conocido por el viejo. Lugares donde les regalaban cajas, papel, diarios, llenaban el carretón y en un sitio eriazo seleccionaban y amarraban su mercadería para poder venderla. El viejo cada vez trabajaba menos, su salud empeoraba, su compañero hacía todo el trabajo. En una mañana de invierno no se levantó, la muerte había actuado suavemente sin despertar al fatigado cuerpo. Llamaron a la policía para que se llevara al cadáver.

El flaco del casco tomó el carretón para hacer el mismo recorrido de siempre.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba