Homar Letargo
Poeta recién llegado
Estoy hecho con la sangre de otro sol
Con unos ojos marinos de tiesa cordura.
Veo al animal desesperado lamiéndose sus cicatrices
Gruñendo por la desaparición de otro cadáver.
El frío inunda mi otra soledad
Cuando alzo el vuelo hacia un universo que me agobia.
Siempre voy buscando el Edén para vomitar manzanas
Fermentadas por el tedio y la amargura.
Llevo sobre mis hombros el ataúd
Donde caben todas las estrellas.
Odio el canto del jilguero.
Apaciguo mi dolor en las ramas
De un árbol ya caído por el golpe
Que deshace la existencia.
He estado volando bajo este cielo desabrido
Abriendo las alas para escaparme de este oscuro paisaje
Que huele a cloroformo.
Llevo por pico el canto de la noche
Y mi plumaje está manchado con el eterno luto del amor.
Entierro estas garras en el polo norte de una sepultura.
Tan tranquilas duermen las mañanas taciturnas
En lo profundo de mis ojos.
En mi alma solo suenan acordes funerales.
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