Sigifredo Silva Rodríguez
Poeta adicto al portal
La habitación, de unos treinta metros cuadrados y cubierta de un tapiz rojo opaco, estaba en penumbras; en cada esquina había una estatua egipcia de un metro y al lado de ellas grandes floreros orientales; de las paredes colgaban cuadros de Monet, Goya, Picasso, Velázquez. En el centro había un escritorio de madera de cedro con una loza de mármol sobre el cual había un ordenador, un aparato registrador de voces, además, una silla giratoria; en el fondo un inmenso sofá de cuero negro; del techo, en el centro, pendía una lámpara arabesca medio encendida; una delicada música cubría todos los rincones del recinto.
En ese ambiente sereno se encontraba Juan, hombre de mediana edad, que padecía de claustrofobia; tenía una cita con un famoso especialista para someterse a una sesión hipnótica; él quería saber si por medio del hipnotismo podía encontrar la causa de su miedo a los claustros cerrados, y ¡quién mejor que el más afamado hipnotizador de la época, Barak!
Barak le pidió a Juan que se extendiera en el sofá sin tensión alguna y dejar, en lo posible, la mente en blanco, que comenzara a contar de diez de manera regresiva, al tiempo que él le hacía unos pases digitales; en cuestión de segundos, Juan se durmió profundamente. Acto seguido, le ordenó que regresara a épocas de su niñez; fue así como Juan empezó a narrar, de manera nítida, las incidencias de ella; hubo una que le llamó la atención al hipnotizador, aquella etapa de su niñez entre los cuatro y cinco años; al tratar de comentar los acontecimientos de ese período, Juan titubeó, se mostró nervioso, sudoroso e intranquilo.
Le comentó, con los ojos algo desorbitados, como en ese lapso, su madre, mujer soltera, lo tenía que dejar encerrado todo el día, en un cuarto de 12 metros cuadrados, porque ella tenía que trabajar, como obrera, en una fábrica de embutidos.
Luego le ordenó que se retrotrajera a su estado fetal y que le comentara algún incidente que lo hubiese impactado en ese estado embrionario. Hubo un silencio profundo, Juan no daba muestras de vida dando la sensación de encontrarse en estado cataléptico, el hipnotizador le insistió, Juan, reaccionó y con voz grave gritó: -¡No padre, no maltrate a mi madre! -¡No la encierre!
Después de esto, Barak, lo ordenó que despertara de su sueño hipnótico al contar tres.
Barak solo le alcanzó a decir al desventurado personaje que su caso le había dejado consecuencias difíciles de borrar...
En ese ambiente sereno se encontraba Juan, hombre de mediana edad, que padecía de claustrofobia; tenía una cita con un famoso especialista para someterse a una sesión hipnótica; él quería saber si por medio del hipnotismo podía encontrar la causa de su miedo a los claustros cerrados, y ¡quién mejor que el más afamado hipnotizador de la época, Barak!
Barak le pidió a Juan que se extendiera en el sofá sin tensión alguna y dejar, en lo posible, la mente en blanco, que comenzara a contar de diez de manera regresiva, al tiempo que él le hacía unos pases digitales; en cuestión de segundos, Juan se durmió profundamente. Acto seguido, le ordenó que regresara a épocas de su niñez; fue así como Juan empezó a narrar, de manera nítida, las incidencias de ella; hubo una que le llamó la atención al hipnotizador, aquella etapa de su niñez entre los cuatro y cinco años; al tratar de comentar los acontecimientos de ese período, Juan titubeó, se mostró nervioso, sudoroso e intranquilo.
Le comentó, con los ojos algo desorbitados, como en ese lapso, su madre, mujer soltera, lo tenía que dejar encerrado todo el día, en un cuarto de 12 metros cuadrados, porque ella tenía que trabajar, como obrera, en una fábrica de embutidos.
Luego le ordenó que se retrotrajera a su estado fetal y que le comentara algún incidente que lo hubiese impactado en ese estado embrionario. Hubo un silencio profundo, Juan no daba muestras de vida dando la sensación de encontrarse en estado cataléptico, el hipnotizador le insistió, Juan, reaccionó y con voz grave gritó: -¡No padre, no maltrate a mi madre! -¡No la encierre!
Después de esto, Barak, lo ordenó que despertara de su sueño hipnótico al contar tres.
Barak solo le alcanzó a decir al desventurado personaje que su caso le había dejado consecuencias difíciles de borrar...