Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
HECHO DE RAÍCES
Ya las paredes ocres son carne de cañón,
el color irisado se adueña de las nubes,
el humo no desciende, ni el agua se desborda,
las emociones brotan, pero no dejan huella, sino vida,
en un futuro, cerca, podrán recuperarse las flores del tropiezo.
Algo se balancea en el pasado,
parque de infancia añil y persistente,
mirada singular, o visión colectiva,
prismas idolatrados vociferan al vacío,
el hábito y la fe desaparecen
bajo el control del desencuentro.
Algo se va, distancia de por medio,
algo se une, algo muere, pero junto,
verano en transición hacia la primavera.
Cartas, caricias, besos,
ahora ya sin culpa, ya sin cargos.
Hay nudos en el tiempo que desatan destinos no aprendidos.
Y manos que gobiernan lo invisible,
y un corazón de hielo que repica,
campana o iceberg de las inmensidades del océano,
que asoma desde el más profundo grito,
del fantasma con piel de claroscuro,
la racionalidad de los horrores,
pérdida de ignorancia ya sentida,
aplastamiento a manos de mi lógica.
Ya las paredes ocres son carne de cañón,
el color irisado se adueña de las nubes,
el humo no desciende, ni el agua se desborda,
las emociones brotan, pero no dejan huella, sino vida,
en un futuro, cerca, podrán recuperarse las flores del tropiezo.
Algo se balancea en el pasado,
parque de infancia añil y persistente,
mirada singular, o visión colectiva,
prismas idolatrados vociferan al vacío,
el hábito y la fe desaparecen
bajo el control del desencuentro.
Algo se va, distancia de por medio,
algo se une, algo muere, pero junto,
verano en transición hacia la primavera.
Cartas, caricias, besos,
ahora ya sin culpa, ya sin cargos.
Hay nudos en el tiempo que desatan destinos no aprendidos.
Y manos que gobiernan lo invisible,
y un corazón de hielo que repica,
campana o iceberg de las inmensidades del océano,
que asoma desde el más profundo grito,
del fantasma con piel de claroscuro,
la racionalidad de los horrores,
pérdida de ignorancia ya sentida,
aplastamiento a manos de mi lógica.