Asklepios
Incinerando envidias
He dejado al horizonte arrodillado a
tus pies, para que puedas entender que
el mundo no obedece ni al amor ni al odio;
para que no te deshagas de los, -supongo-,
escasos restos de todos aquellos besos que,
todavía, nos pudieran quedar y, con ellos,
-quizás-, poder recuperar el inmenso valor de
sus lejanos silencios.
Soy diablo que aún desea estar de ti enamorado.
Peca conmigo y escribamos en un nuevo
idioma lo que, en su día, nuestras lágrimas
no entendieron.
tus pies, para que puedas entender que
el mundo no obedece ni al amor ni al odio;
para que no te deshagas de los, -supongo-,
escasos restos de todos aquellos besos que,
todavía, nos pudieran quedar y, con ellos,
-quizás-, poder recuperar el inmenso valor de
sus lejanos silencios.
Soy diablo que aún desea estar de ti enamorado.
Peca conmigo y escribamos en un nuevo
idioma lo que, en su día, nuestras lágrimas
no entendieron.