Asklepios
Incinerando envidias
Hay un dios que vigila las fronteras de
los eclipses y cuida del musgo traslúcido
depositado sobre las láminas del tiempo.
Allí, lo inolvidable no deja de mecerse entre la
levedad del olvido donde, cuencos llenos de
nuestras perezas, flotan sobre el mapa de espejos
erosionados por nuestra propia juventud.
La eternidad, -que no deja de desgastar también
a los dioses-, fluye escondida detrás de tus ojos tristes.
Ojalá conservara todos esos besos, -tus besos-, que
jamás regresaron.
Eres mi dolor primero... atrapado... adorándote...
los eclipses y cuida del musgo traslúcido
depositado sobre las láminas del tiempo.
Allí, lo inolvidable no deja de mecerse entre la
levedad del olvido donde, cuencos llenos de
nuestras perezas, flotan sobre el mapa de espejos
erosionados por nuestra propia juventud.
La eternidad, -que no deja de desgastar también
a los dioses-, fluye escondida detrás de tus ojos tristes.
Ojalá conservara todos esos besos, -tus besos-, que
jamás regresaron.
Eres mi dolor primero... atrapado... adorándote...