Al. Faerick
Poeta recién llegado
Pesadilla, mi dulce pesadilla...
Esta noche desperté pensando en tí.
Tu recuerdo, el pasado, no lo olvido;
en tus ojos y sonrisa me perdí.
Sin poderme contener salgo a buscarte
y me encuentro en esta horrible oscuridad.
La Luna, triste, fría, me acompaña,
celosa; no te he de abandonar.
No lo entiende ni tolera,
¡tú y yo no nos podemos reunir!
"No quiero que sufras", temblando dijo ella.
No la escucho; la miré y no respondí.
Recorro las calles impasible,
los bosques de la amarga soledad.
Una vuelta y, por fin, con ella he dado:
es tu casa, tu morada, ¿no es verdad?
Las tumbas se erigen a la izquierda;
la hiedra no las deja respirar.
Me acerco a la capilla destruida.
Mi amor, mi amada, ¿aquí estás?
Mi amante se quedó afuera esperando;
las rosas invaden el lugar.
Una vitrina, algo de polvo, un vestido blanco;
¡cuánta belleza ha terminado en este altar!
Tu cuerpo, inerte lo he encontrado.
Tus labios sin tardar quiero besar.
La luz de mi vela se ha apagado...
¡Te amo y te amaré hasta el final!
Faerick