Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Se consume el cigarro,
la mandrágora se desarraiga de mis alvéolos:
algo de mí, lo más tangible, también es humo.
No me acostumbro a ser agua sin olas,
ola sin puerta,
pero también la luna influye sobre la marea de los techos.
Se están abriendo los signos,
las hendiduras revelan su hora, su nombre y su designio:
el aire tiene un tatuaje de cuerpo que se hace de noche.
Digo que no me acostumbro a las residencias cerradas;
quiero robar un candelabro
o una pieza de pan de tu bodega,
pero estoy tapiado, no puedo salir a ventilar mis sábanas.
Lo que ves es la forma audible de mi desasosiego:
me ha suplantado el bicho de la lucidez
que entró a roer mis entrañas.
Se acaba el alcohol,
mi lengua queda en el fondo del vaso
y no me acostumbro a mentirle a la sed.
He lamido salivas de los súcubos,
he libado el mejor aguardiente en los ojos del ángel
que mira a un cielo sin mirada desde el último abismo.
El sexo de la muerte es el caracol de las palabras
que al recorrerme, me edifica.
Lento camino, silencioso, me vas borrando.
Pasarán sobre mí como yo he pasado sobre los que estuvieron.
Me pintaron la sombra de ecos
y casi adiviné mi rostro en la tolvanera.
Se desintegra mi mano,
queda la seña que borra los rasgos
en un cristal apenas empañado por el aliento.
la mandrágora se desarraiga de mis alvéolos:
algo de mí, lo más tangible, también es humo.
No me acostumbro a ser agua sin olas,
ola sin puerta,
pero también la luna influye sobre la marea de los techos.
Se están abriendo los signos,
las hendiduras revelan su hora, su nombre y su designio:
el aire tiene un tatuaje de cuerpo que se hace de noche.
Digo que no me acostumbro a las residencias cerradas;
quiero robar un candelabro
o una pieza de pan de tu bodega,
pero estoy tapiado, no puedo salir a ventilar mis sábanas.
Lo que ves es la forma audible de mi desasosiego:
me ha suplantado el bicho de la lucidez
que entró a roer mis entrañas.
Se acaba el alcohol,
mi lengua queda en el fondo del vaso
y no me acostumbro a mentirle a la sed.
He lamido salivas de los súcubos,
he libado el mejor aguardiente en los ojos del ángel
que mira a un cielo sin mirada desde el último abismo.
El sexo de la muerte es el caracol de las palabras
que al recorrerme, me edifica.
Lento camino, silencioso, me vas borrando.
Pasarán sobre mí como yo he pasado sobre los que estuvieron.
Me pintaron la sombra de ecos
y casi adiviné mi rostro en la tolvanera.
Se desintegra mi mano,
queda la seña que borra los rasgos
en un cristal apenas empañado por el aliento.
16 de febrero de 2015
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