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Gritos

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
El grito, interno, se clava como verdad,
de esas que no se escuchan pero punzan,

a un lado del corazón,
la honesta decencia,
se abre y emerge,
hasta quebrar mis costillas,

el grito, último, se ha de escuchar,
traspasando las ventanas del cielo,
en los espacios del presente,

los gritos ausentes duelen si se los percibe,
como ese sol que no quiere salir,
como esa lluvia que lo nubla, completamente,

el grito, primero, fue necesidad,
nunca placer, nunca bondad,
fue obra de la vida, aún muerta,

aún se mece como serpiente la penumbra,
buscando presas,
o estrellas presas de la oscuridad,
grita el infierno en los cielos,
grita como fuego y soledad,
entre edades inmensas,

aún el miedo carcome, pululando,
cobarde, como todo sabio,

el grito temeroso, rito de desesperación,
quemará las cenizas del presente,
para ensombrecer todo futuro,

a cada historia, un tiempo perdido,
a cada lágrima, un mundo escondido,
a cada escrito, tinta quebrada,

y el grito del silencio, no escribe,
pero aún devora,
latiendo en cada corazón,
latiendo, hasta dejarnos sin latidos,

y es que
todo es desahogo,
primordial latencia del sobrevivir,

así como la vida suspira,
la muerte respira en cada cuerpo,
y ese respiro se agranda, siempre decidido,
hasta sepultarnos por completo,

no hay grito rico,
ni lamento de oro,
no hay pulcra tristeza,
ni sombra palpable,

todo grito se entiende pobre,
cuando el pobre se muere de verdad,
cuando el silencio nos quita respiros,
cuando el suspiro nos quita la vida.



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El grito, interno, se clava como verdad,
de esas que no se escuchan pero punzan,

a un lado del corazón,
la honesta decencia,
se abre y emerge,
hasta quebrar mis costillas,

el grito, último, se ha de escuchar,
traspasando las ventanas del cielo,
en los espacios del presente,

los gritos ausentes duelen si se los percibe,
como ese sol que no quiere salir,
como esa lluvia que lo nubla, completamente,

el grito, primero, fue necesidad,
nunca placer, nunca bondad,
fue obra de la vida, aún muerta,

aún se mece como serpiente la penumbra,
buscando presas,
o estrellas presas de la oscuridad,
grita el infierno en los cielos,
grita como fuego y soledad,
entre edades inmensas,

aún el miedo carcome, pululando,
cobarde, como todo sabio,

el grito temeroso, rito de desesperación,
quemará las cenizas del presente,
para ensombrecer todo futuro,

a cada historia, un tiempo perdido,
a cada lágrima, un mundo escondido,
a cada escrito, tinta quebrada,

y el grito del silencio, no escribe,
pero aún devora,
latiendo en cada corazón,
latiendo, hasta dejarnos sin latidos,

y es que
todo es desahogo,
primordial latencia del sobrevivir,

así como la vida suspira,
la muerte respira en cada cuerpo,
y ese respiro se agranda, siempre decidido,
hasta sepultarnos por completo,

no hay grito rico,
ni lamento de oro,
no hay pulcra tristeza,
ni sombra palpable,

todo grito se entiende pobre,
cuando el pobre se muere de verdad,
cuando el silencio nos quita respiros,
cuando el suspiro nos quita la vida.



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Muy profundo IgnotaIlusión.

Saludos desde la Habana
 
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