prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube;Z87arO2T-Yo]http://www.youtube.com/watch?v=Z87arO2T-Yo[/video]
La miel de las uvas era la piel de un magnetismo ebrio
entre los cabellos de la chica del campo,
una especie de gravedad posada a la altura de los racimos de alambre
colgando de su lóbulo intransigente
y un ave enferma siempre la seguía
atenta a los brillos metálicos de la esfinge intravenosa.
Los sonidos de las llaves del ocaso
en una herradura de barro
instalaban en el trono de la crispación
la vaga esperanza de ser.
El ave se alimentaba de la sombra de un coágulo
y aprendía el alfabeto de la ternura picoteando los basaltos.
Las bicicletas del horizonte quedaban sin frenos.
Nosotros mirábamos impasibles las cuencas de un cordero inmóvil
y los pezones erguidos de la noche
goteaban en los charcos de vida que dejábamos atrás
mientras nos alejábamos como grillos de un granero incendiado.
La miel de las uvas era la piel de un magnetismo ebrio
entre los cabellos de la chica del campo,
una especie de gravedad posada a la altura de los racimos de alambre
colgando de su lóbulo intransigente
y un ave enferma siempre la seguía
atenta a los brillos metálicos de la esfinge intravenosa.
Los sonidos de las llaves del ocaso
en una herradura de barro
instalaban en el trono de la crispación
la vaga esperanza de ser.
El ave se alimentaba de la sombra de un coágulo
y aprendía el alfabeto de la ternura picoteando los basaltos.
Las bicicletas del horizonte quedaban sin frenos.
Nosotros mirábamos impasibles las cuencas de un cordero inmóvil
y los pezones erguidos de la noche
goteaban en los charcos de vida que dejábamos atrás
mientras nos alejábamos como grillos de un granero incendiado.
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