Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Morir en el fuego de tus ojos
es como saltar al hiperespacio,
sufrir sin el hielo de tus labios
consumen mi larga espera
de violines y campanas paralelas.
Sentir el frío de mi cuerpo de piedra,
me recuerda nuestro juego de seducción,
de promesas, de lamentos
que florecen en el mar de tranquilidad
de un espejo triste y olvidado.
Besar los colores de esos cabellos
de víbora, perfumados con mirra,
es la constante utopía
que me empuja adelante,
en el sendero que sigue tus huellas.
Amar el esplendor de tus formas,
es adorar el sabor de tu alma,
fragmentada y modelada
por esa soledad que asfixia
como una máscara dorada.
Vivir perdido en la memoria
del tiempo cruel e inocente,
es tenerte cada día más cerca,
como bolas de naftalina
y aromas de alcanfor.
Danzar sin el aura de tu silueta,
es volver a empezar a temblar
como una sombra enjaulada,
que pide al cielo un sólo castigo:
poseer tu cuerpo y tu espíritu,
disecar esos mágicos ojos
que me llevaron al borde de la locura.
es como saltar al hiperespacio,
sufrir sin el hielo de tus labios
consumen mi larga espera
de violines y campanas paralelas.
Sentir el frío de mi cuerpo de piedra,
me recuerda nuestro juego de seducción,
de promesas, de lamentos
que florecen en el mar de tranquilidad
de un espejo triste y olvidado.
Besar los colores de esos cabellos
de víbora, perfumados con mirra,
es la constante utopía
que me empuja adelante,
en el sendero que sigue tus huellas.
Amar el esplendor de tus formas,
es adorar el sabor de tu alma,
fragmentada y modelada
por esa soledad que asfixia
como una máscara dorada.
Vivir perdido en la memoria
del tiempo cruel e inocente,
es tenerte cada día más cerca,
como bolas de naftalina
y aromas de alcanfor.
Danzar sin el aura de tu silueta,
es volver a empezar a temblar
como una sombra enjaulada,
que pide al cielo un sólo castigo:
poseer tu cuerpo y tu espíritu,
disecar esos mágicos ojos
que me llevaron al borde de la locura.
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