Ya son varios días los que encabeza los titulares del telediario aquí en España, el terror de los más de cien fuegos en Galicia activos, que por la fuerza del viento siguen extendiendose y están cercanos a hogares. Muchos de ellos no están controlados y la gran mayoría han sido provocados,
detrás se oculta la especulación inmobiliaria, el dinero de grandes constructoras y el interés del hombre que prende la llama. Espero que la situación se calme, que se encuentre a los culpables y que el encantador pueblo gallego, que hace tan poco sufrió el desastre del Prestige, que inundó de chapapote las costas, se recupere una vez más.
detrás se oculta la especulación inmobiliaria, el dinero de grandes constructoras y el interés del hombre que prende la llama. Espero que la situación se calme, que se encuentre a los culpables y que el encantador pueblo gallego, que hace tan poco sufrió el desastre del Prestige, que inundó de chapapote las costas, se recupere una vez más.
Galicia arde
(Agosto de 2006)
Galicia arde,
el crepitar de las llamas
es la música de la tarde,
y el viento y el fuego, dos amantes,
que comparten tórridos secretos,
en silencio, de madrugada o a la mañana,
se acarician bajo el cielo,
firmamento gris,
nubes de humo y hollín,
un panorama abyecto.
Viento y fuego, destructivo amor,
ardientes pasiones sin control,
las copas son improvisadas piras,
las ramas y las hojas expiran,
cenizas, caos y devastación.
Galicia sigue ardiendo,
lo verde se vuelve negro,
los árboles claman al cielo
donde pájaros de hierro
abren sus vientres certeros
vertiendo arena sobre el rojo suelo.
Galicia en llamas,
tan poco hace que el mar lloraba
lágrimas negras hasta la orilla de la playa,
tan poco hace que las gaviotas se lamentaban,
no podían desplegar sus viscosas alas,
y ahora Galicia se quema,
se queman sus bosques y arboledas,
se queman las plantas y la hierba,
las raíces y la madera,
siempre hay luz en el monte y su ladera
y no descansan las mangueras.
(Agosto de 2006)
Galicia arde,
el crepitar de las llamas
es la música de la tarde,
y el viento y el fuego, dos amantes,
que comparten tórridos secretos,
en silencio, de madrugada o a la mañana,
se acarician bajo el cielo,
firmamento gris,
nubes de humo y hollín,
un panorama abyecto.
Viento y fuego, destructivo amor,
ardientes pasiones sin control,
las copas son improvisadas piras,
las ramas y las hojas expiran,
cenizas, caos y devastación.
Galicia sigue ardiendo,
lo verde se vuelve negro,
los árboles claman al cielo
donde pájaros de hierro
abren sus vientres certeros
vertiendo arena sobre el rojo suelo.
Galicia en llamas,
tan poco hace que el mar lloraba
lágrimas negras hasta la orilla de la playa,
tan poco hace que las gaviotas se lamentaban,
no podían desplegar sus viscosas alas,
y ahora Galicia se quema,
se queman sus bosques y arboledas,
se queman las plantas y la hierba,
las raíces y la madera,
siempre hay luz en el monte y su ladera
y no descansan las mangueras.