[center:87054c8610]
Hermosa noche de tormenta
Frágil señora revestida entre sombra
Pálido rostro fino y terso
Obscura flor marchita de la Alhambra.
Lágrimas en sus negros ojos
Entre sus dulces manos funesto cirio
Da luz a un cuerpo desdichado
Muerto por haber amado hasta el delirio.
Dríada lúgubre fue en vida
Fúnebre viuda de corazón enjuto
Negóse amar a hombre alguno
Hasta redimirse en la purga del luto.
Era ésta noble dama tan bella
Que sin hallar amor casó con su marido
La pasión es gloria o infierno
Cuenta por lágrimas los días que ha sufrido.
Mientras que transcurría el tiempo
A tal varón no pudo más que aborrecer
Vivió inútil y desdichada
Vendiendo en un lecho su carne de mujer.
Estando ellos a solas una noche
Se comportó él en su opulencia bravo
Ella de asesino golpe certero
Hundió así en su sien un terrible clavo.
Emblanquecida por el espanto
Huyó en la vigilia a una fonda de Sevilla
Trovando versos a sus penas
Destinada a ser puesta en mortal capilla.
En la fonda tocaba el piano
Y encontró el verdadero amor de un hombre
Mas se disfrazó de mentiras
Y ocultóse tras la máscara de otro nombre.
Díjole a él llamarse Blanca
Con tal engaño deja que el cariño entre
A semejante loco enamorado
Quiso conceder el fruto de su vientre.
Sin embargo ata su conciencia
Al amargo y vil recuerdo del pecado
Aceptó la mano de aquel joven
Para después correr y huir de su lado.
Tan sólo unos pocos años después
A Gabriela Zahara cubrió una mortaja
Arrojada al osario común
Molidos sus huesos como rota paja.
Nunca pudo escapar de la culpa
Lóbrego fantasma que iba donde ella fuera
Irónico que su antiguo amante
Hallara el clavo asesino en la calavera.
Murió de lástima la joven
Por haber probado el amor sin mesura
Pues mató a quien nunca quiso
Y abandonó a quien la amó por ventura.[/center:87054c8610]
[center:87054c8610]
[/center:87054c8610]
Felipe encendió un cigarro, y habló de esta manera:
Hermosa noche de tormenta
Frágil señora revestida entre sombra
Pálido rostro fino y terso
Obscura flor marchita de la Alhambra.
Lágrimas en sus negros ojos
Entre sus dulces manos funesto cirio
Da luz a un cuerpo desdichado
Muerto por haber amado hasta el delirio.
Dríada lúgubre fue en vida
Fúnebre viuda de corazón enjuto
Negóse amar a hombre alguno
Hasta redimirse en la purga del luto.
Era ésta noble dama tan bella
Que sin hallar amor casó con su marido
La pasión es gloria o infierno
Cuenta por lágrimas los días que ha sufrido.
Mientras que transcurría el tiempo
A tal varón no pudo más que aborrecer
Vivió inútil y desdichada
Vendiendo en un lecho su carne de mujer.
Estando ellos a solas una noche
Se comportó él en su opulencia bravo
Ella de asesino golpe certero
Hundió así en su sien un terrible clavo.
Emblanquecida por el espanto
Huyó en la vigilia a una fonda de Sevilla
Trovando versos a sus penas
Destinada a ser puesta en mortal capilla.
En la fonda tocaba el piano
Y encontró el verdadero amor de un hombre
Mas se disfrazó de mentiras
Y ocultóse tras la máscara de otro nombre.
Díjole a él llamarse Blanca
Con tal engaño deja que el cariño entre
A semejante loco enamorado
Quiso conceder el fruto de su vientre.
Sin embargo ata su conciencia
Al amargo y vil recuerdo del pecado
Aceptó la mano de aquel joven
Para después correr y huir de su lado.
Tan sólo unos pocos años después
A Gabriela Zahara cubrió una mortaja
Arrojada al osario común
Molidos sus huesos como rota paja.
Nunca pudo escapar de la culpa
Lóbrego fantasma que iba donde ella fuera
Irónico que su antiguo amante
Hallara el clavo asesino en la calavera.
Murió de lástima la joven
Por haber probado el amor sin mesura
Pues mató a quien nunca quiso
Y abandonó a quien la amó por ventura.[/center:87054c8610]
[center:87054c8610]