cuatrolíneas
Poeta recién llegado
Soy el infiltrado en el mundo
de la jaqueca,
los ñurdos paralíticos ríen con su seno al aire,
las mujeres desnudan su desafinada voz,
y se esconden en copas de vino sucio.
Al terminar el día
descubro que la somnolencia de un vagabundo se roba mi día,
terminé siendo esclavo de esa voz chillona.
Todos tenemos miedo al fracaso,
ayer descubrí que no tengo qué temer,
he vencido al rechazo,
fracasé tanto que mi sonrisa se ha vuelto fantasma.
Viaja en ese antigua tranvía.
¡Suplico por tu regreso!
me encomiendo al alma de
las moscas que vuelan sobre
tu pisado cadáver.
La repugnancia,
el asco de volver a soñar con monstruos.
El bandido más famoso ha entrado a la alcoba
de la desnuda doncella de los rizos claros color gloria
y le recita el poema más sucio y ordinario,
para cantar en la noche,
para bajar su broche.
Miro con deseo esa botella a medio beber,
estoy volviendo a mis raíces,
me desenvuelvo en lo que alguna vez fue mi deber,
y caen dos lágrimas, soban mis narices.
Estoy en un coma del sueño.
me reflejo en un espejo empañado,
mi borrosa imagen retrata mi futuro,
desesperado, la bebé no ha dejado su cuna esta noche.
¡Al fin se acaba nuestra tragedia!
Y eso que nadie ha muerto,
y tus preguntas absurdas,
y tus palabras hirientes,
no han sido más que un juego de mi mente.
de la jaqueca,
los ñurdos paralíticos ríen con su seno al aire,
las mujeres desnudan su desafinada voz,
y se esconden en copas de vino sucio.
Al terminar el día
descubro que la somnolencia de un vagabundo se roba mi día,
terminé siendo esclavo de esa voz chillona.
Todos tenemos miedo al fracaso,
ayer descubrí que no tengo qué temer,
he vencido al rechazo,
fracasé tanto que mi sonrisa se ha vuelto fantasma.
Viaja en ese antigua tranvía.
¡Suplico por tu regreso!
me encomiendo al alma de
las moscas que vuelan sobre
tu pisado cadáver.
La repugnancia,
el asco de volver a soñar con monstruos.
El bandido más famoso ha entrado a la alcoba
de la desnuda doncella de los rizos claros color gloria
y le recita el poema más sucio y ordinario,
para cantar en la noche,
para bajar su broche.
Miro con deseo esa botella a medio beber,
estoy volviendo a mis raíces,
me desenvuelvo en lo que alguna vez fue mi deber,
y caen dos lágrimas, soban mis narices.
Estoy en un coma del sueño.
me reflejo en un espejo empañado,
mi borrosa imagen retrata mi futuro,
desesperado, la bebé no ha dejado su cuna esta noche.
¡Al fin se acaba nuestra tragedia!
Y eso que nadie ha muerto,
y tus preguntas absurdas,
y tus palabras hirientes,
no han sido más que un juego de mi mente.