Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Fríos que buscan cobijo cuando todo ha perdido su lógica y sentido.
Fríos buscando tiempos idos, buscando el sinsentido de aquellos días en que no podemos escapar de los extravíos.
FRIO BUSCANDO COBIJO
El frio buscando cobijo en el hierro,
el hierro arrancándole calor al hormigón,
sillas heladas en la madrugada de largas esperas,
rompe el silencio el pregón de un conductor.
Un ordenador esperando quien
caliente los brazos de su teclado,
sin palabras ha quedado Jalil Gibrán,
porque no supo responder quien era.
Los enamorados cansados se han marchado.
Entonces, es cuando, has perdido el destino,
y de repente .
subiste al octavo,
te negaste a bajarte en el sexto,
volviste a subir al décimo.
Dentro, muy dentro de ti, el sentimiento,
tejiendo los hilos del recuero,
por momento ,
por muchos momentos, marioneta
de trapo y carey.
Por tantos momentos subiendo, bajando,
esperando, sin querer salir de tu encierro,
queriendo alzar vuelo con alas rotas
de crisálida que se le adelantó al tiempo,
perdiendo la fortaleza de las fuertes alas
que le asegurarían el largo vuelo.
Detienes el ascensor, te bajas en el sexto,
no hubo más tiempo para enfrentarte
a este momento,
el de tu propio reencuentro,
el que te acercó al primero,
del que nunca
podrás, por más que quieras,
escaparte.
Fríos buscando tiempos idos, buscando el sinsentido de aquellos días en que no podemos escapar de los extravíos.
FRIO BUSCANDO COBIJO
El frio buscando cobijo en el hierro,
el hierro arrancándole calor al hormigón,
sillas heladas en la madrugada de largas esperas,
rompe el silencio el pregón de un conductor.
Un ordenador esperando quien
caliente los brazos de su teclado,
sin palabras ha quedado Jalil Gibrán,
porque no supo responder quien era.
Los enamorados cansados se han marchado.
Entonces, es cuando, has perdido el destino,
y de repente .
subiste al octavo,
te negaste a bajarte en el sexto,
volviste a subir al décimo.
Dentro, muy dentro de ti, el sentimiento,
tejiendo los hilos del recuero,
por momento ,
por muchos momentos, marioneta
de trapo y carey.
Por tantos momentos subiendo, bajando,
esperando, sin querer salir de tu encierro,
queriendo alzar vuelo con alas rotas
de crisálida que se le adelantó al tiempo,
perdiendo la fortaleza de las fuertes alas
que le asegurarían el largo vuelo.
Detienes el ascensor, te bajas en el sexto,
no hubo más tiempo para enfrentarte
a este momento,
el de tu propio reencuentro,
el que te acercó al primero,
del que nunca
podrás, por más que quieras,
escaparte.