danie
solo un pensamiento...
Fustiga
la sal de mi sombra,
la mueca del rostro vapuleado,
las manos amputadas por las letras
y los pies del nacarado…
Circundantes escaleras de lápidas de oruga,
de faenas de hierbas
cohibidas,
medrosas,
menguadas
con nubes pávidas
que se turban ante el pudor de los hechos,
ante el cansancio que se dilapida sobre las aceras;
hormigón de tantos caídos cielos…
Las comisuras de una sutura entreabierta
que se flagelan en las albas de un designio.
Mi designio, mi suerte vestida de luto
que presencia a los funerales del barro y la arena.
Hostiga el emporio de la absoluta nada;
el tornasol cegado en el vano de un légamo
y su gandul sueño.
Piélagos exacerbados que azotan:
a los tarugos
y las vigas,
a los muelles consumiendo crustáceos,
a los picaportes
y sus tentáculos
que anhelan alcanzar las costas,
los litorales inalcanzables de los armarios,
las playas y sus cómodas,
muebles,
mobiliarios
y sus insomnios de enseres.
Los latidos de cientos de escollos
con las espinas que supuran fiebre
de lluvia de tranvías,
de brebajes de años
descalzos sobre los vidrios
de los postrados recuerdos.
Adoradores de ermitas
con santos de polillas,
de anales de tugurios
y sus lumbreras que enfocan
a los fanales de ojos ciegos,
a los olivos del salero que sazonan
las madrugadas en ayunas
por la proscripción del pensamiento.
Alimentos para las salubres muertitas.
Mentes con músculos
que se rinden…
Faltos,
carentes,
exhaustos,
también provistos de hematomas,
de erguidos coágulos hechos de abrojos y escozor,
con rostros delirantes
que amotinan mi lecho,
que se aferran con antifaces de complicidad
de los linajes de la sangre,
como grandes borbollones,
como magnas manadas,
como colosales enjambres de los mismos,
de los únicos compañeros de mi rutina:
los grados Celsius…
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