Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Cada año es una esperanza, una oportunidad para multiplicar las raíces, las ramas, los frutos y las flores que nos atan a la vida.
¡Qué difícil resulta terminar o decir adiós!, pero en ocasiones, resulta aún más difícil comenzar, quizás, ello marque la diferencia entre el éxito o el fracaso.
¡FELIZ AÑO!
Cerró suavemente sus ojos,
respiró tan profundo cuanto pudo,
se rodeo de los que amó,
les miró penetrando en sus entrañas,
con la profundidad en que se enquista el deseo,
pegando sus blancos marfiles
como perlas encantadas con el destello dorado.
Ahogó un grito
lágrimas lavaron su rostro,
el frio del miedo sacudió el velo
que envolvía su arcilla escultural,
sin percatarse en la anatomía en
que fue a parar su último abrazo.
Volvió sus ojos al cielo humeante,
el sonido ensordecedor vistió
de constelaciones multicolores
su retina, dibujando estrellas
que derrochaban color.
El cielo, la luna,
las estrellas se embriagaron,
rasgaron sus encajes,
danzando en dionisiaco cortejo,
seduciendo con su desnudez
al huidizo tiempo.
La noche azufrada,
agonizaba desgajando
postrimero quejido,
ahuyentando las palomas
que se arrullaban en sus ramas.
Larga agonía,
desveló universal
murió en su cuerpo ese temido 2011,
sacudiéndole con desenfreno el trago
extasiante del 2012.
Alguien le tomó del hombro,
despertándole,
su voz se perdió en con la última campanada
¡Feliz Año!
¡Qué difícil resulta terminar o decir adiós!, pero en ocasiones, resulta aún más difícil comenzar, quizás, ello marque la diferencia entre el éxito o el fracaso.
¡FELIZ AÑO!
Cerró suavemente sus ojos,
respiró tan profundo cuanto pudo,
se rodeo de los que amó,
les miró penetrando en sus entrañas,
con la profundidad en que se enquista el deseo,
pegando sus blancos marfiles
como perlas encantadas con el destello dorado.
Ahogó un grito
lágrimas lavaron su rostro,
el frio del miedo sacudió el velo
que envolvía su arcilla escultural,
sin percatarse en la anatomía en
que fue a parar su último abrazo.
Volvió sus ojos al cielo humeante,
el sonido ensordecedor vistió
de constelaciones multicolores
su retina, dibujando estrellas
que derrochaban color.
El cielo, la luna,
las estrellas se embriagaron,
rasgaron sus encajes,
danzando en dionisiaco cortejo,
seduciendo con su desnudez
al huidizo tiempo.
La noche azufrada,
agonizaba desgajando
postrimero quejido,
ahuyentando las palomas
que se arrullaban en sus ramas.
Larga agonía,
desveló universal
murió en su cuerpo ese temido 2011,
sacudiéndole con desenfreno el trago
extasiante del 2012.
Alguien le tomó del hombro,
despertándole,
su voz se perdió en con la última campanada
¡Feliz Año!
:::banana:::