La Sexorcisto
Lluna V. L.
I
Del enorme bloque cuadrado
de casas he descendido
hasta tocar tierra,
cruzo la carretera asfáltica
hasta llegar al parque
que se alza verde y convulso,
árboles y plantas son selva apunto
de desbordarse de sus límites.
II
Losetas llenas de líneas
conforman los huesos de la acera
de la calle cuyo esqueleto
se abomba allá donde los ojos expectantes se enturbian.
Las personas van y vienen
como siluetas difuminadas,
las palabras buscan nuevos significados.
III
Al pasar por el puente
he olido la sal,
escuché el rumor de aguas batientes,
ecos de un mar primigenio.
Al asomarme he visto
las azules olas espumosas
llegar desde el infinito líquido.
Pero todo se ha disuelto
y otra visión se ha ido interponiendo
hasta dejar ver el seco abismo,
en su fondo viejas industrias decrépitas
testimonio del pasado perdido.
IV
Es de noche,
luces artificiales
crean la nueva realidad nocturna,
las líneas arquitectónicas ensalzadas
se abren para cazar
ávidas de sueños,
y de golpe todo se contrae
en una garra de hormigón.
Del enorme bloque cuadrado
de casas he descendido
hasta tocar tierra,
cruzo la carretera asfáltica
hasta llegar al parque
que se alza verde y convulso,
árboles y plantas son selva apunto
de desbordarse de sus límites.
II
Losetas llenas de líneas
conforman los huesos de la acera
de la calle cuyo esqueleto
se abomba allá donde los ojos expectantes se enturbian.
Las personas van y vienen
como siluetas difuminadas,
las palabras buscan nuevos significados.
III
Al pasar por el puente
he olido la sal,
escuché el rumor de aguas batientes,
ecos de un mar primigenio.
Al asomarme he visto
las azules olas espumosas
llegar desde el infinito líquido.
Pero todo se ha disuelto
y otra visión se ha ido interponiendo
hasta dejar ver el seco abismo,
en su fondo viejas industrias decrépitas
testimonio del pasado perdido.
IV
Es de noche,
luces artificiales
crean la nueva realidad nocturna,
las líneas arquitectónicas ensalzadas
se abren para cazar
ávidas de sueños,
y de golpe todo se contrae
en una garra de hormigón.