prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tal vez sean mentira
estos amaneceres en que te violan mis lágrimas
como si estuvieran poseídas por el fantasma de un pez carnívoro,
todavía sin nombre, como una radial a plena velocidad
arrojada en la piscina del tedio.
Yo pienso en la demencia de los duraznos,
en esta irresponsable forma de florecer
cuando ya no hay pájaros o niños que miren.
Y creo que tus arrugas son el sueño de la luz.
Que el aura clonada por los vikingos
que adornan sus fronteras con cabezas de ciervo
en estos países del miedo
donde a veces hacemos de turista
te queda de maravilla.
Sí, me gusta cuando los serruchos de la niebla
atraviesan la noche
y su aorta sangra
como una idea mutilada por todos los dialectos del silencio
o un cordero que desaparece entre tus cabellos
rojos, muy rojos, extremadamente rojos
reinventando la tonalidad del homicidio en la vigilia;
pero tal vez sean mentira estos amaneceres
y hay que sanar como la cicatriz del viento
cubriendonos de ceniza y lagartos.
estos amaneceres en que te violan mis lágrimas
como si estuvieran poseídas por el fantasma de un pez carnívoro,
todavía sin nombre, como una radial a plena velocidad
arrojada en la piscina del tedio.
Yo pienso en la demencia de los duraznos,
en esta irresponsable forma de florecer
cuando ya no hay pájaros o niños que miren.
Y creo que tus arrugas son el sueño de la luz.
Que el aura clonada por los vikingos
que adornan sus fronteras con cabezas de ciervo
en estos países del miedo
donde a veces hacemos de turista
te queda de maravilla.
Sí, me gusta cuando los serruchos de la niebla
atraviesan la noche
y su aorta sangra
como una idea mutilada por todos los dialectos del silencio
o un cordero que desaparece entre tus cabellos
rojos, muy rojos, extremadamente rojos
reinventando la tonalidad del homicidio en la vigilia;
pero tal vez sean mentira estos amaneceres
y hay que sanar como la cicatriz del viento
cubriendonos de ceniza y lagartos.
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