Asklepios
Incinerando envidias
Existen demasiados atardeceres helados,
sufriendo de extrañas heridas por causa de inesperados temblores,
que sacuden a las últimas horas de esos días, con la que anunciar
la ancestral nocturnidad.
Son días que habitan los otoños;
que cuando se levantan, -ya algo vivos-,
aún las noches están terminando de tejer
esos últimos espectros fantasmales, a los que
suelen dejar flotando a la deriva.
Nada pueden hacer los atardeceres más que resistir.
Así maduran los días: aprendiendo a mantener su orden.
Sin ninguna expectativa.
sufriendo de extrañas heridas por causa de inesperados temblores,
que sacuden a las últimas horas de esos días, con la que anunciar
la ancestral nocturnidad.
Son días que habitan los otoños;
que cuando se levantan, -ya algo vivos-,
aún las noches están terminando de tejer
esos últimos espectros fantasmales, a los que
suelen dejar flotando a la deriva.
Nada pueden hacer los atardeceres más que resistir.
Así maduran los días: aprendiendo a mantener su orden.
Sin ninguna expectativa.