Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Oscuros
vientos
quebrajosos codos que se arrastran,
una ventisca exótica que mi piel
destila turbulencia,
alguna esencia drástica
de alquimias in-transitadas,
las pupilas dilatadas en la pared de los nervios y
la sudoración distante del cerebro...
Una quietud de espasmos,
como tardía respuesta de
orgasmos incluidos.
Una calma de acero,
diamantes sumergidos
en el pensamiento.
Las raíces del mar
entre ansiedades dinamitadas,
algo más distante que el sol,
una lejanía que adolece de territorios.
La sofisticada creencia de sí mismo,
unísono de flautas palpitantes;
inmenso corredor de una abulia
descartada...
Un solo latido,
al final la invisible peste,
la pequeña muerte se
hace excrecencia...
Un lunar en el mapa de lo correcto,
mis errores,
la noche pigmentada,
la membrana del día con su aroma
dislocada en la punta del sentimiento
de culpa.
vientos
quebrajosos codos que se arrastran,
una ventisca exótica que mi piel
destila turbulencia,
alguna esencia drástica
de alquimias in-transitadas,
las pupilas dilatadas en la pared de los nervios y
la sudoración distante del cerebro...
Una quietud de espasmos,
como tardía respuesta de
orgasmos incluidos.
Una calma de acero,
diamantes sumergidos
en el pensamiento.
Las raíces del mar
entre ansiedades dinamitadas,
algo más distante que el sol,
una lejanía que adolece de territorios.
La sofisticada creencia de sí mismo,
unísono de flautas palpitantes;
inmenso corredor de una abulia
descartada...
Un solo latido,
al final la invisible peste,
la pequeña muerte se
hace excrecencia...
Un lunar en el mapa de lo correcto,
mis errores,
la noche pigmentada,
la membrana del día con su aroma
dislocada en la punta del sentimiento
de culpa.
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