BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dispersas honduras
reclaman ahora, mi
sombra milimétrica,
que no obstante, golpea
la savia incesante, que gotea
del árbol a la rama, de la alberca
al silencio. Cornetas suplicantes
retoman la halada forma de su vicio
nocturno y secreto: reyes triunfantes
del místico portal enardecido.
Corrales y patios, de la abandonada
zona meridional, donde, disponiendo
de sobras y patos envenenados, discurso
el elemento de las fórmulas dañinas.
Cumplo con mi espacio, concavidad
inexacta que posterga su sucio arrebato
llenando los sitios, de cúbicas ausencias.
Mi diletante clarinete apenas sucumbe
al recio temblor de los horrísonos hórreos:
vomito sobre ellos, racimos de lluvia y clavículas
incitando al desorden.
Mi brusca ignorancia destruye los símbolos
y almacena, nuevamente, los días en su vientre
completo y desnudo. Mi río de olvido
impreca al dios de los vencidos, con sus tenues
opacidades de hambre solitaria y vengativa.
Los crímenes incisos, reflejan círculos de pavores
neutrales y en sus cúspides definitivas, bromean
alcoholes tentaculares de miles de ofertas en sosiego.
Y yo busco, al alacrán dormido, al crustáceo
canela y sonoro, de las altivas estepas con sus vísceras.
©
reclaman ahora, mi
sombra milimétrica,
que no obstante, golpea
la savia incesante, que gotea
del árbol a la rama, de la alberca
al silencio. Cornetas suplicantes
retoman la halada forma de su vicio
nocturno y secreto: reyes triunfantes
del místico portal enardecido.
Corrales y patios, de la abandonada
zona meridional, donde, disponiendo
de sobras y patos envenenados, discurso
el elemento de las fórmulas dañinas.
Cumplo con mi espacio, concavidad
inexacta que posterga su sucio arrebato
llenando los sitios, de cúbicas ausencias.
Mi diletante clarinete apenas sucumbe
al recio temblor de los horrísonos hórreos:
vomito sobre ellos, racimos de lluvia y clavículas
incitando al desorden.
Mi brusca ignorancia destruye los símbolos
y almacena, nuevamente, los días en su vientre
completo y desnudo. Mi río de olvido
impreca al dios de los vencidos, con sus tenues
opacidades de hambre solitaria y vengativa.
Los crímenes incisos, reflejan círculos de pavores
neutrales y en sus cúspides definitivas, bromean
alcoholes tentaculares de miles de ofertas en sosiego.
Y yo busco, al alacrán dormido, al crustáceo
canela y sonoro, de las altivas estepas con sus vísceras.
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