DIEGO
Poeta adicto al portal
Estas letras, tinta de mi sangre, que ofuscan, enamoran, divierten y aburren en la misma medida, son la savia de mi ADN.
Estas letras que desplazan sentimientos y dan la espalda a los gustos refinados.
Que dibujan con pinceles descoloridos y nuevos. Que me dan la bienvenida cada mañana y me arrullan con las primeras estrellas.
Culpables e inocentes de amores correspondidos e ignorados en la misma medida.
Juiciosas y desprovista de toda vergüenza.
Compañeras desde siempre y las primeras en abandonarme cuando llegue el momento.
Letras que bañan en sangre la lentitud de tu desidia. Que te enojan hasta los gritos ofensivos y te deshacen en humores horneados en los espasmos del amor infinito.
Estas letras tienen la misma envidiable habilidad. Deleitan los ojos, y estrujan a los corazones solitarios. Te hacen sentir más allá de lo comprensible y reciben los insultos propensos a las cabezas obtusas.
Pero siguen allí, pergueñando maneras de hacer que tengas orgasmos inolvidables.
Planeando las mil formas de traicionar tu intelecto esperanzado en obras inmortales y de culto.
Ofensivas o enamoradizas, pero eternamente sinceras, a riesgo de nunca dar con la alquimia de transformarse en indispensables para tu supervivencia.
Seguirán siendo las lágrimas artificiales que lubriquen tus pupilas ásperas mientras hurgan enfermizas en otras letras, otros autores; con la misma idea oculta que la mía.
Estas letras te conocen, pues son las tuyas en otras manos.
Estas letras que desplazan sentimientos y dan la espalda a los gustos refinados.
Que dibujan con pinceles descoloridos y nuevos. Que me dan la bienvenida cada mañana y me arrullan con las primeras estrellas.
Culpables e inocentes de amores correspondidos e ignorados en la misma medida.
Juiciosas y desprovista de toda vergüenza.
Compañeras desde siempre y las primeras en abandonarme cuando llegue el momento.
Letras que bañan en sangre la lentitud de tu desidia. Que te enojan hasta los gritos ofensivos y te deshacen en humores horneados en los espasmos del amor infinito.
Estas letras tienen la misma envidiable habilidad. Deleitan los ojos, y estrujan a los corazones solitarios. Te hacen sentir más allá de lo comprensible y reciben los insultos propensos a las cabezas obtusas.
Pero siguen allí, pergueñando maneras de hacer que tengas orgasmos inolvidables.
Planeando las mil formas de traicionar tu intelecto esperanzado en obras inmortales y de culto.
Ofensivas o enamoradizas, pero eternamente sinceras, a riesgo de nunca dar con la alquimia de transformarse en indispensables para tu supervivencia.
Seguirán siendo las lágrimas artificiales que lubriquen tus pupilas ásperas mientras hurgan enfermizas en otras letras, otros autores; con la misma idea oculta que la mía.
Estas letras te conocen, pues son las tuyas en otras manos.