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Esplendor tardío-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Dentro de esas latitudes rescatadas,

en el infierno de las esferas que se excitan

como manos templadas en agua fría.

Dentro de esos demonios

donde se ocultan fraguas y vestíbulos gélidos,

en que la cintura ejecuta su anatomía

de sombras y cintas planetarias.

Allí encuentro yo

a mi ascendente desdibujado.

Recuerdo de cubos con encajes metálicos

y relojes de hiedra tirados por el suelo.

Tubos de goma, y madrigueras de cobre pelado,

tumbas de erizo, sombríos gestos, ataúdes incesantes.

Bolas navideñas, árboles artificiales, huérfano

sin estela, sombra de los regocijos concluyentes.

Y un cuadro sin forma, una retahíla de manteles

envejecidos, lanas enmarcadas como signos trashumantes,

un cenicero recién limpiado, una dentadura de nervios

contrariamente emplazados.

Al fin las gotas frías ejerciendo su voluntad

su poder de sudor ennegrecido, sobre mi cuerpo, que

las recibe y busca un esplendor tardío, intrascendente.





©
 
Dentro de esas latitudes rescatadas,

en el infierno de las esferas que se excitan

como manos templadas en agua fría.

Dentro de esos demonios

donde se ocultan fraguas y vestíbulos gélidos,

en que la cintura ejecuta su anatomía

de sombras y cintas planetarias.

Allí encuentro yo

a mi ascendente desdibujado.

Recuerdo de cubos con encajes metálicos

y relojes de hiedra tirados por el suelo.

Tubos de goma, y madrigueras de cobre pelado,

tumbas de erizo, sombríos gestos, ataúdes incesantes.

Bolas navideñas, árboles artificiales, huérfano

sin estela, sombra de los regocijos concluyentes.

Y un cuadro sin forma, una retahíla de manteles

envejecidos, lanas enmarcadas como signos trashumantes,

un cenicero recién limpiado, una dentadura de nervios

contrariamente emplazados.

Al fin las gotas frías ejerciendo su voluntad

su poder de sudor ennegrecido, sobre mi cuerpo, que

las recibe y busca un esplendor tardío, intrascendente.





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El esplendor llega cuando llega, no cuando quisieramos que llegase. Es posible que llegue tarde, a punto ya de acostarnos, con la ropa algo vieja de andar por casa y con pocas ganas de fiesta, pero así de imprevisto es a veces el éxito, mejor aprovecharlo de la mejor manera y con una sonrisa aunque sea postiza pero no demasiado. Gracias por tu poema. Saludos afectuosos.
 
Dentro de esas latitudes rescatadas,

en el infierno de las esferas que se excitan

como manos templadas en agua fría.

Dentro de esos demonios

donde se ocultan fraguas y vestíbulos gélidos,

en que la cintura ejecuta su anatomía

de sombras y cintas planetarias.

Allí encuentro yo

a mi ascendente desdibujado.

Recuerdo de cubos con encajes metálicos

y relojes de hiedra tirados por el suelo.

Tubos de goma, y madrigueras de cobre pelado,

tumbas de erizo, sombríos gestos, ataúdes incesantes.

Bolas navideñas, árboles artificiales, huérfano

sin estela, sombra de los regocijos concluyentes.

Y un cuadro sin forma, una retahíla de manteles

envejecidos, lanas enmarcadas como signos trashumantes,

un cenicero recién limpiado, una dentadura de nervios

contrariamente emplazados.

Al fin las gotas frías ejerciendo su voluntad

su poder de sudor ennegrecido, sobre mi cuerpo, que

las recibe y busca un esplendor tardío, intrascendente.





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Ver que los esplendores llegan para que los aprovechemos, en el sueño se conformar
esos puntos esenciales, engalanar esas esencias es llegar a la ingrávida sensación
de una búsqueda que se siente como necesidad. me ha gustado. saludos de luzyabsenta
 
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