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Espirales de regaliz

sucesoverso

Poeta recién llegado
Espirales de regaliz

Eran dos niños que soñaban

que sus aventuras transcurrían en la sabana

y de casa salían corriendo

con sus rodillas rasguñadas

bajando las escaleras de dos en dos

cuando sus cortas piernas les dejaban,

-“¡Atrás, atrás!”.

Corriendo al descampado

con alguna higuera,

mucha tierra

y solanera valenciana.

Entre tanto buscar

a las bestias y tribus hostiles,

en medio de una larga espiral de alambre

sus legañas soñadoras destapaban

y despertando se daba cuenta

del apuro en que se encontraba.

Trató la niña de salir

y justo al final, un extremo se le clava

bajo la rodilla derecha

parte interna, tierna y blanca

abriendo la carne

mientras fuerza la salida

empujando su pierna

a la que ya mira como extrañada.

Su hermano a socorrerla llega

y ella ensimismada carne y venas contempla,

no hay sangre en esa carne abierta.

El hermano, del brazo agarrada

al hospital de la calle de abajo la lleva,

allí trabaja la vecina enfermera,

amiga de mamá y de la abuela,

le cuenta lo ocurrido,

la antitetánica ya tintinea,

van hacia donde la niña

que sigue tranquila mirando su pierna,

al final, sólo va a ser necesaria una venda.

No hay cicatrices

ni quedan en el descampado higueras,

quizá no fue un alambre,

quizá sólo soñando fuera.

(Guirnaldas de versos y otros sucesos, 2016)
 
Espirales de regaliz

Eran dos niños que soñaban

que sus aventuras transcurrían en la sabana

y de casa salían corriendo

con sus rodillas rasguñadas

bajando las escaleras de dos en dos

cuando sus cortas piernas les dejaban,

-“¡Atrás, atrás!”.

Corriendo al descampado

con alguna higuera,

mucha tierra

y solanera valenciana.

Entre tanto buscar

a las bestias y tribus hostiles,

en medio de una larga espiral de alambre

sus legañas soñadoras destapaban

y despertando se daba cuenta

del apuro en que se encontraba.

Trató la niña de salir

y justo al final, un extremo se le clava

bajo la rodilla derecha

parte interna, tierna y blanca

abriendo la carne

mientras fuerza la salida

empujando su pierna

a la que ya mira como extrañada.

Su hermano a socorrerla llega

y ella ensimismada carne y venas contempla,

no hay sangre en esa carne abierta.

El hermano, del brazo agarrada

al hospital de la calle de abajo la lleva,

allí trabaja la vecina enfermera,

amiga de mamá y de la abuela,

le cuenta lo ocurrido,

la antitetánica ya tintinea,

van hacia donde la niña

que sigue tranquila mirando su pierna,

al final, sólo va a ser necesaria una venda.

No hay cicatrices

ni quedan en el descampado higueras,

quizá no fue un alambre,

quizá sólo soñando fuera.

(Guirnaldas de versos y otros sucesos, 2016)

Interesante e inocente cuento infantil cuya lectura he disfrutado, Mi saludo cordial.
 
Gracias, Rigel, por tu comentario; me anima mucho a seguir. Está recomendado para niñ@s entre 7 y 10 años. Gracias, de nuevo, me animaré a poner alguno más!! :)
 
Espirales de regaliz

Eran dos niños que soñaban

que sus aventuras transcurrían en la sabana

y de casa salían corriendo

con sus rodillas rasguñadas

bajando las escaleras de dos en dos

cuando sus cortas piernas les dejaban,

-“¡Atrás, atrás!”.

Corriendo al descampado

con alguna higuera,

mucha tierra

y solanera valenciana.

Entre tanto buscar

a las bestias y tribus hostiles,

en medio de una larga espiral de alambre

sus legañas soñadoras destapaban

y despertando se daba cuenta

del apuro en que se encontraba.

Trató la niña de salir

y justo al final, un extremo se le clava

bajo la rodilla derecha

parte interna, tierna y blanca

abriendo la carne

mientras fuerza la salida

empujando su pierna

a la que ya mira como extrañada.

Su hermano a socorrerla llega

y ella ensimismada carne y venas contempla,

no hay sangre en esa carne abierta.

El hermano, del brazo agarrada

al hospital de la calle de abajo la lleva,

allí trabaja la vecina enfermera,

amiga de mamá y de la abuela,

le cuenta lo ocurrido,

la antitetánica ya tintinea,

van hacia donde la niña

que sigue tranquila mirando su pierna,

al final, sólo va a ser necesaria una venda.

No hay cicatrices

ni quedan en el descampado higueras,

quizá no fue un alambre,

quizá sólo soñando fuera.

(Guirnaldas de versos y otros sucesos, 2016)
Una bella historia que tiene la fuerza de atraer a la
lecctura hasta el final, queda un bello regusto al
comprobar que era un sueño.
excelente. saludos de luzyabsenta
 
Estimada LUZYABSENTA,
Mil gracias por tu mensaje, me alegra que te haya gustado, tengo un par más de lo que yo llamo "versocuentos infantiles" que me animaré a publicar. Ando todavía viendo cómo funciona el Portal, y estaré encantada de leer vuestros poemas, aún no sé cómo hacer seguimiento de los perfiles...
Te confesaré algo: el poema es verdad, sí; me pasó a mí de pequeña jugando en un descampado en un pueblo de interior de Valencia. La espiral de alambre existió y, efectivamente, casi me ponen la antitetánica, pero todo quedó en un susto : )
 
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