Nadia Vazquez
Poeta recién llegado
Espinas secas.
Pasando por mi rostro.
Torturándome.
Pero no hacen daño.
Son suaves.
Como lo eran tus manos.
Hasta que colgaste.
Y se volvieron ásperas.
No tienen color.
Como éstas espinas.
Espinas viejas.
Cómo tu aroma.
Ése el del mes pasado.
Embriagante.
Como lo era.
Hasta que colgaste.
Y ahora termina pudriéndose.
En la nada.
Con éstas espinas, espinas.
Sí espinas.
Que tú hiciste crecer.
Y que no lastiman.
No duelen.
No se perciben.
No son nada.
Nada contra ese adiós.
Un adiós fulminante.
Un adiós espeluznante.
Un adiós lleno de espinas.
Pasando por mi rostro.
Torturándome.
Pero no hacen daño.
Son suaves.
Como lo eran tus manos.
Hasta que colgaste.
Y se volvieron ásperas.
No tienen color.
Como éstas espinas.
Espinas viejas.
Cómo tu aroma.
Ése el del mes pasado.
Embriagante.
Como lo era.
Hasta que colgaste.
Y ahora termina pudriéndose.
En la nada.
Con éstas espinas, espinas.
Sí espinas.
Que tú hiciste crecer.
Y que no lastiman.
No duelen.
No se perciben.
No son nada.
Nada contra ese adiós.
Un adiós fulminante.
Un adiós espeluznante.
Un adiós lleno de espinas.
Última edición: