EscrtEpic
Poeta recién llegado
Es verdad:
Me morí un millón de veces.
No fue nada: no significó
Herido o no ,
Amado por los ángeles y los diablos
En una medida de condiciones idénticas.
¡Gracias! Y permiteme darte unas palabras
Porque las palabras nunca son pocas, pero bien dichas son muchas las pocas:
«Que me hayas enviado al filo del abismo,
no es nada.»
Ésto yo mismo lo pensé, con mi corazón roto, con mi alma rota, aquél momento infernal:
¡Siempre cuando sea tarde y el reducto moribundo de tus anhelos yaceme a mi, de hacerte peticiones!
... Se mantiene en ocasiones porque tu misma se lo mostraste como hacerlo.
¡Maldito lugar vacío y circundado de dolores!
Tu estrategia más colorida no es ninguna fatídica bondad que permite salvarse sino una que golpea, destruye, ahoga pero sin matar.
Dame dudas, dame algún tipo de escepticismo para escaparme de esas supersticiones heladas y pesimistas que me carcomen mis sentimientos infantiles y nulifican todo lo que queda en mí de alegría.
¿Qué más podría yo pedirte? La luz, la luz y más nada: me conoces bien. Y viéndome así, como un niño perdido, me dejas a mi suerte, me conviertes en mártir.
Pero nunca esperaste mi risa, la risa que tú misma me regalaste aquella vez.
¡Espanto horrendo! Me dejas sin armas, otorgame, ¡Oh! Al menos alguna conformación divergente que en tus pechos pueda clavar colmillos morosos y alimentarse de esas heridas carnosas.
Me morí un millón de veces.
No fue nada: no significó
Herido o no ,
Amado por los ángeles y los diablos
En una medida de condiciones idénticas.
¡Gracias! Y permiteme darte unas palabras
Porque las palabras nunca son pocas, pero bien dichas son muchas las pocas:
«Que me hayas enviado al filo del abismo,
no es nada.»
Ésto yo mismo lo pensé, con mi corazón roto, con mi alma rota, aquél momento infernal:
¡Siempre cuando sea tarde y el reducto moribundo de tus anhelos yaceme a mi, de hacerte peticiones!
... Se mantiene en ocasiones porque tu misma se lo mostraste como hacerlo.
¡Maldito lugar vacío y circundado de dolores!
Tu estrategia más colorida no es ninguna fatídica bondad que permite salvarse sino una que golpea, destruye, ahoga pero sin matar.
Dame dudas, dame algún tipo de escepticismo para escaparme de esas supersticiones heladas y pesimistas que me carcomen mis sentimientos infantiles y nulifican todo lo que queda en mí de alegría.
¿Qué más podría yo pedirte? La luz, la luz y más nada: me conoces bien. Y viéndome así, como un niño perdido, me dejas a mi suerte, me conviertes en mártir.
Pero nunca esperaste mi risa, la risa que tú misma me regalaste aquella vez.
¡Espanto horrendo! Me dejas sin armas, otorgame, ¡Oh! Al menos alguna conformación divergente que en tus pechos pueda clavar colmillos morosos y alimentarse de esas heridas carnosas.
Última edición: