IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Cuento las páginas que he de vivir,
aún sin haberlas vivido,
pierdo lo que he de prometer,
aún sin haber prometido,
caigo como lluvia,
aún triste,
aún perdido,
encuentro orgullo en el suelo,
por vidas vividas,
por dicha y por fortuna,
el amanecer se ha de opacar,
junto a la tormenta, palidece,
entre cuna sideral,
como luna muerta,
desglosando su vientre,
su interior es tierra fértil,
para una humanidad humilde,
descansando cada palabra
en cada uno de sus suspiros,
que serán retazos del viento,
de presente y de futuro,
entre la negrura de un rincón escondido,
la comodidad del éter se siente
alejado del mar, de cada horizonte,
levitando las estrellas en él,
se materializan,
y los sueños parecen ser felicidad,
y los vuelos, eternos,
y los vientos, divina voluntad,
nos adentramos en ese hueco,
y encontramos un curioso reflejo,
de destello álmico,
aquella persona que contemplo frente a mí,
podría ser yo,
debería ser algo irreal,
pero la consciencia también se materializa,
aquella persona, su esencia,
tan inocente,
somos todos nosotros,
cada ser que ha sucumbido a la existencia,
cada ser que pronto ha de despertar,
de un sueño ajeno, pero propio,
de un sentir propio, pero compartido,
de un panorama agazapado
en el cual su esencia
nunca ha de oscurecerse.
aún sin haberlas vivido,
pierdo lo que he de prometer,
aún sin haber prometido,
caigo como lluvia,
aún triste,
aún perdido,
encuentro orgullo en el suelo,
por vidas vividas,
por dicha y por fortuna,
el amanecer se ha de opacar,
junto a la tormenta, palidece,
entre cuna sideral,
como luna muerta,
desglosando su vientre,
su interior es tierra fértil,
para una humanidad humilde,
descansando cada palabra
en cada uno de sus suspiros,
que serán retazos del viento,
de presente y de futuro,
entre la negrura de un rincón escondido,
la comodidad del éter se siente
alejado del mar, de cada horizonte,
levitando las estrellas en él,
se materializan,
y los sueños parecen ser felicidad,
y los vuelos, eternos,
y los vientos, divina voluntad,
nos adentramos en ese hueco,
y encontramos un curioso reflejo,
de destello álmico,
aquella persona que contemplo frente a mí,
podría ser yo,
debería ser algo irreal,
pero la consciencia también se materializa,
aquella persona, su esencia,
tan inocente,
somos todos nosotros,
cada ser que ha sucumbido a la existencia,
cada ser que pronto ha de despertar,
de un sueño ajeno, pero propio,
de un sentir propio, pero compartido,
de un panorama agazapado
en el cual su esencia
nunca ha de oscurecerse.
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