Escribir es una excelente manera de descubrir más sobre uno mismo. Estamos muy acostumbrados a recibir información de otros, pero en este caso tú eres el máximo experto. Solo te necesitas a ti mismo para acercarte más a ti. Sin ayuda externa tienes la capacidad de tomar conciencia de todos tus pensamientos que tienes.
Te entregas a lo que naturalmente somos capaces de hacer, pero de lo que nos alejamos más durante el camino de pequeño a adulto : escucharnos a nosotros mismos con curiosidad y empatía sin ningún tipo de juicio.
Escribe/anota lo que escuchas. Imagina tus pensamientos como algo que puedes o podrías decir en voz alta. Como si una voz interior estuviera hablando. Escribe con mucho cuidado lo que esa voz tiene que decir. No dejes nada afuera, capta cada pensamiento que escuches de momento a momento, por así decirlo. Tus pensamientos siempre están ahí, aunque no estés acostumbrado a seguirlos tan de cerca.
No esperes un pensamiento que consideres importante o que valga la pena. Simplemente comienza justo donde estás en esa corriente de pensamientos.
Puede que no pienses en palabras, sino en imágenes. Sigues imaginando una casa o cómo tú y un amigo caminan por la playa. O tu pensamiento tiene la forma de un sentimiento. Algo físico, un golpe en el estómago, o algo emocional, las lágrimas brotan. Incluso si crees que no tienes palabras para expresarlo, puedes confiar en que cada forma de pensamiento puede alcanzar el nivel de palabras. Un sentimiento indefinible de confusión, por ejemplo, puede llevarte a pensar : qué estoy haciendo realmente aquí? Entonces eso es literalmente lo que escribes.
Ciertos pensamientos pueden impedirte incluso empezar a escribir, como por ejemplo: Mira, no puedo escribir. / Esto es demasiado íntimo para escribirlo./ Ya conozco todas mis propias historias./ Qué pasa si mi familia lee esto? / Por qué estoy tan emocionado? Etc.
No tienes que alejar esos pensamientos o pensar que no deberían estar ahí. Trata de no esforzarte en una dirección determinada tratando de convertirla en una "buena historia". Dale a todo lo que te viene a la mente la oportunidad de ser escuchado.
Te entregas a lo que naturalmente somos capaces de hacer, pero de lo que nos alejamos más durante el camino de pequeño a adulto : escucharnos a nosotros mismos con curiosidad y empatía sin ningún tipo de juicio.
Escribe/anota lo que escuchas. Imagina tus pensamientos como algo que puedes o podrías decir en voz alta. Como si una voz interior estuviera hablando. Escribe con mucho cuidado lo que esa voz tiene que decir. No dejes nada afuera, capta cada pensamiento que escuches de momento a momento, por así decirlo. Tus pensamientos siempre están ahí, aunque no estés acostumbrado a seguirlos tan de cerca.
No esperes un pensamiento que consideres importante o que valga la pena. Simplemente comienza justo donde estás en esa corriente de pensamientos.
Puede que no pienses en palabras, sino en imágenes. Sigues imaginando una casa o cómo tú y un amigo caminan por la playa. O tu pensamiento tiene la forma de un sentimiento. Algo físico, un golpe en el estómago, o algo emocional, las lágrimas brotan. Incluso si crees que no tienes palabras para expresarlo, puedes confiar en que cada forma de pensamiento puede alcanzar el nivel de palabras. Un sentimiento indefinible de confusión, por ejemplo, puede llevarte a pensar : qué estoy haciendo realmente aquí? Entonces eso es literalmente lo que escribes.
Ciertos pensamientos pueden impedirte incluso empezar a escribir, como por ejemplo: Mira, no puedo escribir. / Esto es demasiado íntimo para escribirlo./ Ya conozco todas mis propias historias./ Qué pasa si mi familia lee esto? / Por qué estoy tan emocionado? Etc.
No tienes que alejar esos pensamientos o pensar que no deberían estar ahí. Trata de no esforzarte en una dirección determinada tratando de convertirla en una "buena historia". Dale a todo lo que te viene a la mente la oportunidad de ser escuchado.