licprof
Poeta fiel al portal
pero como si se me cruzaran los cables
las imàgenes pretèritas se me mezclan
en una danza o cinta sin fin:
por momentos, la playa veraniega durante las vacaciones
por otro lado, la escuela, la colonia de vacaciones
en un estadio de fùtbol llamado el gasòmetro
o en otro estadio (river plate)
en una parrilla o quincho
donde los domingos
el famoso actor hoy octogenario
se miraba a sì mismo en la pantalla del televisor (en blanco y negro)
como si nada, como si eso fuera solo
una sana costumbre dominical; en efecto: interrogado al efecto, amablemente
respondiò que ya se habìa acostumbrado a verse a sì mismo en la pantalla televisiva
en las viejas pelìculas que solìan pasar los domingos
mientras almorzàbamos en familia: en aquel entonces
aùn no estàbamos muertos, yo mismo
niño al fin, me deleitaba en el arenero construyendo cosas como castillos de arena,
agua mediante y a veces con la concurrencia
de algùn otro pàrvulo màs o menos encantador e inocente, claro, obvio
o nos dirigìamos en familia al estadio mismo
donde se desarrollaba el trueno humano:
aquello me aburrìa enormemente, preferìa 1000 veces
jugar a la pelota o al basquet: en el vestuario me prestaban una pelota de basket
a cambio solo debìa presentar el carnet de socio
tambièn estaban: la pileta, el frontòn para jugar al tenis: realmente,
aquello era un paraìso deportivo
hasta que llegaban los cèlebres barrabravas
y comenzaba la trifulca precisamente en la zona del quincho
incluso con heridos de arma blanca
todo magnificado
por los medios de comunicaciòn
por esa misma televisiòn que contemplàbamos los domingos
como si fuèramos unas meras criaturas o entes
dòxicos y platònicos
o neoplatònicos
porfìricos y plotinianos
o plutònicos
el partido de fùtbol remedaba burdamente
al coliseo romano
pero ya no se trataba de gladiadores espartaquistas
sino de simples jugadores de football
y todos estàbamos bajo el cercano recuerdo
de una masacre producida ahì nomàs
en la triste puerta nùmero 12
en la que decenas de personas murieron asfixiadas y aplastadas
por la desidia o negligencia de algunos
para no hablar del tranvìa que cayò al riachuelo desde el puente
tragedia que hasta mi abuela solìa recordar
entre otros antiguos relatos
mientras me preparaba la merienda al volver de la escuela
por regla general consistente en leche chocolatada
y algunas galletitas
antes de ver al capitàn piluso
encarnado por el famoso actor alberto olmedo
tambièn muerto tràgicamente, como si fuera poco, en mar del plata
un verano
al caer desde un balcòn
de un sèptimo piso
si mal no recuerdo
las imàgenes pretèritas se me mezclan
en una danza o cinta sin fin:
por momentos, la playa veraniega durante las vacaciones
por otro lado, la escuela, la colonia de vacaciones
en un estadio de fùtbol llamado el gasòmetro
o en otro estadio (river plate)
en una parrilla o quincho
donde los domingos
el famoso actor hoy octogenario
se miraba a sì mismo en la pantalla del televisor (en blanco y negro)
como si nada, como si eso fuera solo
una sana costumbre dominical; en efecto: interrogado al efecto, amablemente
respondiò que ya se habìa acostumbrado a verse a sì mismo en la pantalla televisiva
en las viejas pelìculas que solìan pasar los domingos
mientras almorzàbamos en familia: en aquel entonces
aùn no estàbamos muertos, yo mismo
niño al fin, me deleitaba en el arenero construyendo cosas como castillos de arena,
agua mediante y a veces con la concurrencia
de algùn otro pàrvulo màs o menos encantador e inocente, claro, obvio
o nos dirigìamos en familia al estadio mismo
donde se desarrollaba el trueno humano:
aquello me aburrìa enormemente, preferìa 1000 veces
jugar a la pelota o al basquet: en el vestuario me prestaban una pelota de basket
a cambio solo debìa presentar el carnet de socio
tambièn estaban: la pileta, el frontòn para jugar al tenis: realmente,
aquello era un paraìso deportivo
hasta que llegaban los cèlebres barrabravas
y comenzaba la trifulca precisamente en la zona del quincho
incluso con heridos de arma blanca
todo magnificado
por los medios de comunicaciòn
por esa misma televisiòn que contemplàbamos los domingos
como si fuèramos unas meras criaturas o entes
dòxicos y platònicos
o neoplatònicos
porfìricos y plotinianos
o plutònicos
el partido de fùtbol remedaba burdamente
al coliseo romano
pero ya no se trataba de gladiadores espartaquistas
sino de simples jugadores de football
y todos estàbamos bajo el cercano recuerdo
de una masacre producida ahì nomàs
en la triste puerta nùmero 12
en la que decenas de personas murieron asfixiadas y aplastadas
por la desidia o negligencia de algunos
para no hablar del tranvìa que cayò al riachuelo desde el puente
tragedia que hasta mi abuela solìa recordar
entre otros antiguos relatos
mientras me preparaba la merienda al volver de la escuela
por regla general consistente en leche chocolatada
y algunas galletitas
antes de ver al capitàn piluso
encarnado por el famoso actor alberto olmedo
tambièn muerto tràgicamente, como si fuera poco, en mar del plata
un verano
al caer desde un balcòn
de un sèptimo piso
si mal no recuerdo