Entre los pensamientos ocultos y presentes, entre aquellos a flor de piel y también entre los ausentes... ahí encontré tu luz.
En los poemas de mi infancia, y en las cartas que nadie leyera. En los primeros intentos de métrica y en aquellos pasables endecasílabos... ahí encontré tu luz.
En aquellos pasajes de historieta, en los triunfos y redactadas rabietas... en los monólogos enclaustrados y en los duetos bien amados... ahí encontré tu luz.
Por doquier, donde jugase con las letras, con palabras escritas, con versos nacidos de pensamientos, quimeras y querellas... por doquier apareció tu luz.
Quiere decir, hija de Júpiter y Mnemósine que aún desconozco tu nombre... no sé como llamarte: Caliope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore o Urania...
Pero todos mis pensamientos nacen por tu influencia y van hacia ti...
¡Dios nos cuide de las inspiraciones divinas!.
Damas a fin de cuentas... No hay nada más por decir.
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