Jorge Yanes
Poeta fiel al portal
Guadalupe Marín
era entonces un hombre demasiado grande para su edad
Nunca entró por la puerta
de ninguno de los bares donde la tristeza reinaba entonces.
Las mariposas nocturnas
huían de su sendero desdichado
era, como una fatalidad del destino.
Cuando lo conocí
ya tenía medio siglo
en su piel
extinta....
También llevaba más cerveza
que oxigeno en su sangre.
La noche se extendía
por las paredes del último bar
del mundo.
Su aliento
exhalaba una nostalgia
de siglos
Justo como los últimos
ferrocarriles oxidados
que pasaban
por los valles de su memoria
amorfa.
Era así,
ese día
los boleros
entristecían las últimas
figuras visibles
en el ocaso....
Yo vendía amor
por dos notas de clavicordio,
discreta,
pero de una manera grotesca.
Esa noche se extinguieron
las últimas caracolas añejas
de la costa del pueblo.
Se caía a pedazos
mi colección
de naturalezas muertas.
"Comprendí entonces:
que para eso servían
la soledad y la desdicha."
No eran más que un racimo
inútil durante el día...
Una jauría
de mantícoras
tatuadas alrededor del sol
cansadas
de inventar nostalgias nuevas
para los ojos
de los extraños.
Pero de noche,
solo de noche
se hacían tangibles
a una luz
agonizante
...
Solo de noche
Guadalupe Marín
devoraba en secreto
los gramos
del corazón
de las astromelias
opacas
por la desdicha y la soledad.
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