Pensar diferente trae paz a la conciencia y ennoblece al alma cuando la causa es justa, sin embargo, también trae riesgos, sufrimientos... y hasta exilio; y nada atenta más contra la identidad propia que vivir lejos de la tierra que te vio nacer; es decir; eso que algunos llaman patria y por la que muchos han sido capaces de ofrecer sus fuerzas, su juventud y su vida. ¡Patria!,¡Patria!...fue durante años un concepto raro; indefinido en mi diccionario; un eco en el silencio de mi vida que desempolva algunos recuerdos que quisiera incinerar: Odio, miedo, marginación, golpes, dolor, encarcelamientos, decepción...¡Mi propia gente castigando mi silencio!, el silencio de un cordero que no aceptó su injusto sacrificio y decidió escapar a lo desconocido.
Hoy estoy acá, a cientos de millas después del mar, bajo un cielo que no me cubre; frente a un océano que se vuelve sordo; sobre una tierra que no reconozco; envuelto en el aroma mudo que no toca al corazón; rodeado de rostros y miradas, unas congestionadas por el odio, otras ocultando un ¿Por qué?; perseguido por labios que profieren gritos o indiferencia en una lengua que aún no alcanzo a entender...
Han pasado los años, y con él, el tiempo en que estuve atrapado entre dos mundos. Ahora ya nada importa, porque aprendí a ver la vida no tan de cerca, sino desde donde pueda ver el tic tac del universo, cómo se transforma, se recicla... ¡Pude extirpar al fin la miopía del alma! Hoy, dejé de ser de allá, de aquel lugar que nunca me quiso y que se perdió en el recuerdo; y tampoco soy de aquí, la tierra que tolera mi aliento, pero no lo acepta. Hoy, de rodillas y con la espada sobre el hombro, me he nombrado ciudadano de este universo y de esta tierra, para curar sus heridas, para secar sus lágrimas; para quemar el odio; para abrir las manos y abrazar al miedo; para regalar sonrisas a todos mis conciudadanos: Los seres humanos, mi verdadera patria.