Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero comprar una luna
para colgarla en mi techo;
y así un poquito alumbrarme
la noche de los sucesos.
Entre selva de neblina
con los ojos del silencio
hacia mi prístino hogar
miro, buscando un sendero.
De miel de sabiduría…
¿quién puede venderme un céntimo?
Lo preciso para enfrentar
mi báratro más interno:
que cual dragón insidioso
no duerme, siempre al acecho,
y dispuesto a devorar
cualquier trocito de cielo.
Deseo un hilo de Ariadna
encontrar en un ensueño
para que a mi mente guie
a la salida del dédalo;
o que me prestase un ángel
sus artilugios de vuelo
y un instante de infinito
atrape mi entendimiento.
Quiero abordar un bajel
hecho de luz y de tiempo
donde sea capitán
el espíritu sereno;
y aunque viaje ahí también
el egoísta y vil ego,
que sea siempre y tan sólo
el último marinero.
para colgarla en mi techo;
y así un poquito alumbrarme
la noche de los sucesos.
Entre selva de neblina
con los ojos del silencio
hacia mi prístino hogar
miro, buscando un sendero.
De miel de sabiduría…
¿quién puede venderme un céntimo?
Lo preciso para enfrentar
mi báratro más interno:
que cual dragón insidioso
no duerme, siempre al acecho,
y dispuesto a devorar
cualquier trocito de cielo.
Deseo un hilo de Ariadna
encontrar en un ensueño
para que a mi mente guie
a la salida del dédalo;
o que me prestase un ángel
sus artilugios de vuelo
y un instante de infinito
atrape mi entendimiento.
Quiero abordar un bajel
hecho de luz y de tiempo
donde sea capitán
el espíritu sereno;
y aunque viaje ahí también
el egoísta y vil ego,
que sea siempre y tan sólo
el último marinero.
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