Cecilya
Cecy
Estas líneas son para contarte que anoche te comunicaste conmigo a través de un sueño lúcido.
Fue raro, como siempre, y por supuesto que no me sorprendí.
Y es más extraño que te hable ahora como si conociera tu nombre, como si tuviéramos una amistad de mucho tiempo, como si al escribir estas palabras estuviera contemplando un rostro familiar.
La verdad es que a tu identidad la desconozco. Ni siquiera tengo una pista para adivinarte.
El mensaje que me enviaste no tenía remitente; aparecía en algo muy similar a un monitor y contenía un enlace al que había que acceder mediante un clic.
A ese pequeño código de letras y números, lo acompañaba una frase:
“Poesía de palabras que curan
esto también fue amor
y poesía”
Como imaginarás, me apresuré a ir por el intento de ingresar al contenido al que las líneas pretendían explicarme. Pero me fue imposible.
No sabes que en mis sueños la tecnología no funciona.
Ningún aparato tecnológico, por más simple que sea su mecanismo, logra ejecutar la función que cumple en el mundo real.
Ni computadoras, ni teléfonos inteligentes, ni siquiera un televisor.
Se rompen, cambian de forma, se esfuman como niebla.
Y me quedé entonces con la frase resonando en mi mente y con la intriga que un enlace que no logré abrir, pretendía revelarme.
De modo que aquí, de este lado, en el plano de las circunstancias posibles, te pido que vuelvas a comunicarte conmigo.
Dime tu nombre para que te reconozca. Para que sea una certeza.
A mi edad se desarrolla más la capacidad de sentir, de escuchar con tranquilidad, que el deseo de estar descifrando códigos para entender cuestiones encriptadas.
Por eso escríbeme aquí para que te responda, en el sitio en el que sí funcionan las teclas, o las lapiceras de tinta, o los teléfonos que nos regalan la cercanía de la voz.
Escríbeme aunque el invierno me retenga y me guarde, aunque no me veas en las calles porque hace demasiado frío.
Quisiera comprender la totalidad del significado de lo que querías compartirme, estoy segura que vale mucho, que hay algo bueno y hermoso que sustenta las ideas de esa frase que como ves, tuve que anotarme al despertar.
Y si nunca me escribes, y si no me llamas, y si jamás accedo a tu identidad y al valor de ese mensaje oculto, no te preocupes.
Al menos hoy me sirve de inspiración para este breve relato tan parecido a una carta que deposito en el viento.
Para pensar, para reflexionar acerca de las palabras de amor que definitivamente son una poesía que puede sanar.
Y de eso…
de eso no tengo dudas.
........................................
Fue raro, como siempre, y por supuesto que no me sorprendí.
Y es más extraño que te hable ahora como si conociera tu nombre, como si tuviéramos una amistad de mucho tiempo, como si al escribir estas palabras estuviera contemplando un rostro familiar.
La verdad es que a tu identidad la desconozco. Ni siquiera tengo una pista para adivinarte.
El mensaje que me enviaste no tenía remitente; aparecía en algo muy similar a un monitor y contenía un enlace al que había que acceder mediante un clic.
A ese pequeño código de letras y números, lo acompañaba una frase:
“Poesía de palabras que curan
esto también fue amor
y poesía”
Como imaginarás, me apresuré a ir por el intento de ingresar al contenido al que las líneas pretendían explicarme. Pero me fue imposible.
No sabes que en mis sueños la tecnología no funciona.
Ningún aparato tecnológico, por más simple que sea su mecanismo, logra ejecutar la función que cumple en el mundo real.
Ni computadoras, ni teléfonos inteligentes, ni siquiera un televisor.
Se rompen, cambian de forma, se esfuman como niebla.
Y me quedé entonces con la frase resonando en mi mente y con la intriga que un enlace que no logré abrir, pretendía revelarme.
De modo que aquí, de este lado, en el plano de las circunstancias posibles, te pido que vuelvas a comunicarte conmigo.
Dime tu nombre para que te reconozca. Para que sea una certeza.
A mi edad se desarrolla más la capacidad de sentir, de escuchar con tranquilidad, que el deseo de estar descifrando códigos para entender cuestiones encriptadas.
Por eso escríbeme aquí para que te responda, en el sitio en el que sí funcionan las teclas, o las lapiceras de tinta, o los teléfonos que nos regalan la cercanía de la voz.
Escríbeme aunque el invierno me retenga y me guarde, aunque no me veas en las calles porque hace demasiado frío.
Quisiera comprender la totalidad del significado de lo que querías compartirme, estoy segura que vale mucho, que hay algo bueno y hermoso que sustenta las ideas de esa frase que como ves, tuve que anotarme al despertar.
Y si nunca me escribes, y si no me llamas, y si jamás accedo a tu identidad y al valor de ese mensaje oculto, no te preocupes.
Al menos hoy me sirve de inspiración para este breve relato tan parecido a una carta que deposito en el viento.
Para pensar, para reflexionar acerca de las palabras de amor que definitivamente son una poesía que puede sanar.
Y de eso…
de eso no tengo dudas.
........................................
Última edición: