Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
No alerto a tus oídos,
diga lo que diga.
No despierto tu interés por más que hable.
No consigo engañarte si escribo que te quiero.
Haga lo que haga, me miento a mí mismo.
De un profundo sueño paso al letargo, donde no recuerdo,
no reacciono,
no me mueven las mismas cosas.
Quizá parezca apatía,
quizá lo sea,
pero no me he aprendido
aún
el funcionamiento de mi mente.
Tampoco creo que sea realista ya la poesía
(Me explico:
No destruye ni construye,
ni renueva, siempre escribo hasta la extenuación.
No sé cómo, pero conecto con lo que plasmo.
Quizá mi cerebro piense sólo lo que le interesa,
o tal vez sea un bulo eso del conocimiento.
Sea como fuere, me he vuelto cada vez más…
Prudente.
Puede que quede una infinitud por aprender,
o que acepte y ceda ante lo que se me puede venir encima.).
De hecho, podría darle la vuelta a cada verso,
incluidas las…
Contradicciones…
Sin…
Oscilar entre la mentira y la verdad.
Me encantaría que aceptaran la realidad, como yo la acepto,
como la que yo creo que es.
A veces expongo razones y argumentos,
instigado por mi afán de trascendencia.
A veces dudo,
cuando presencio sentimientos.
Dudo de los míos,
y se resiente mi convicción.
(Aquí termina este poema. Aclaro que, la figura del vendedor de humo es la más real y común que existe,
o si acaso, que cree que existe.
Es más, es imposible, cada vez más, que un estafador embauque a otro.
Así…
No hay nada que aprender,
solo imitamos,
como toda especie, con automatismos.
Si está todo inventado, probablemente sea porque pensamos igual.
El terreno de las emociones
es más peliagudo.
Supone un encontronazo de…
¿Por qué este tema lo hacen tabú?)
diga lo que diga.
No despierto tu interés por más que hable.
No consigo engañarte si escribo que te quiero.
Haga lo que haga, me miento a mí mismo.
De un profundo sueño paso al letargo, donde no recuerdo,
no reacciono,
no me mueven las mismas cosas.
Quizá parezca apatía,
quizá lo sea,
pero no me he aprendido
aún
el funcionamiento de mi mente.
Tampoco creo que sea realista ya la poesía
(Me explico:
No destruye ni construye,
ni renueva, siempre escribo hasta la extenuación.
No sé cómo, pero conecto con lo que plasmo.
Quizá mi cerebro piense sólo lo que le interesa,
o tal vez sea un bulo eso del conocimiento.
Sea como fuere, me he vuelto cada vez más…
Prudente.
Puede que quede una infinitud por aprender,
o que acepte y ceda ante lo que se me puede venir encima.).
De hecho, podría darle la vuelta a cada verso,
incluidas las…
Contradicciones…
Sin…
Oscilar entre la mentira y la verdad.
Me encantaría que aceptaran la realidad, como yo la acepto,
como la que yo creo que es.
A veces expongo razones y argumentos,
instigado por mi afán de trascendencia.
A veces dudo,
cuando presencio sentimientos.
Dudo de los míos,
y se resiente mi convicción.
(Aquí termina este poema. Aclaro que, la figura del vendedor de humo es la más real y común que existe,
o si acaso, que cree que existe.
Es más, es imposible, cada vez más, que un estafador embauque a otro.
Así…
No hay nada que aprender,
solo imitamos,
como toda especie, con automatismos.
Si está todo inventado, probablemente sea porque pensamos igual.
El terreno de las emociones
es más peliagudo.
Supone un encontronazo de…
¿Por qué este tema lo hacen tabú?)