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En un parpadeo al descontrol

*Lυŋα d' ρlαтα*

Poeta fiel al portal

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Para ti..

Modelo sonrisas, caliento el hielo y abrazo temores; cuando el sol se pone todos los días antes de las 6:00am.
Coleccionando ataques de comerse el mundo, en un do sostenido que suene en cada célula de mi cuerpo, mientras las flores colmadas del rocío aun esperan quien tome el néctar de su capullo.
Salgo a la calle, todos voltean y alcanzan un rostro desapercibido, joven, con algún aire de desvarío, con el cuerpo ligero; con prendas totalmente desprovistas de ataduras, color café adornando la cintura, cinturón blanco y remera negra, batiendo las manos en el aire al ritmo de una canción del Mp3,cuando sin sentido de dirección atropello una pequeña de escasa estatura, apenas alcanzaba mis caderas.
Los rayos del sol más candentes que ayer, golpean mi rostro; me detienen los dulces de leche en el kiosco de la esquina, cojo uno y lo saboreo largo rato en mi paladar. Es la sensación que destroza dulcemente a la tristeza.
Camino rápidamente a un costado de la plaza, ésa que esta a dos cuadras del semáforo donde queda mi casa, suelo fumar para relajarme mientras leo un capitulo mas de uno de los libros que mantengo en la mochila siempre; para entretener mi pensamiento en las interminables colas del bus.
Anochece, muero de hambre; olvide almorzar.
Con desenfreno y lascivia recuerdo llevar una caja de psicotrópicos en el bolsillo pequeño del bolso; tomo unas cinco, rápidamente las pongo en mi boca y de un filtro de la avenida bebo un trago largo de agua.
Esto quizás suspenda las ansias de comer y también me libere del estrés, al menos por un instante.
Casi alucinando fui a la estación del metro, subí a uno mientras mis ojos cansados, dejaban de parpadear para cerrarse en un profundo sueño; provocado por la dosis de píldoras.
Y ahí me encontré, recostada en el vidrio de la ventana en un estado de sosiego y de abandono. Parecía que respiraba hondo, calmando la conciencia y la memoria; pronto desaparecía aquella perturbación que reflejaba mi rostro.

Tras recorrer unos cuantos kilómetros, no recuerdo exactamente; desperté en el centro de una ciudad, pregunte la hora a un chico que vendía los boletos de pasaje; eran algo más de las 7:00pm, estaba muy asustada cuando bajé en una estación y alcance a ver que no estaba donde debería.
Mi sueño había sido lo suficientemente largo para viajar durante horas sin despertar.
Después de todo experimentaba una calma increíble, sentía que flotaba entre nubes y pensé que valió la pena tomarme las píldoras; hace tanto tiempo que no lo hacia, mi cuerpo habría olvidado cómo era estar desprovisto de ataques neurasténicos.

El sol ya se ocultaba y no me interesaba volver a casa, no me importaba el lugar donde me hallaba. Caminé lento dos cuadras, al mismo tiempo escuchaba murmullos, gritos y risas.
¿De donde provenían? Me pregunte.
Al asomar mi cabeza tras un edificio, alcance notar un parque de diversiones.
Era ideal, quería recordar la energía que se adueñaba de mis venas y de mi mente cuando de pequeña me escapé del colegio para ir a uno que estaba cerca de mi casa.
Compre el ticket de entrada, corrí hasta las sillas voladoras.
Ansiaba despedazarme en una de ellas, sentir el aire chocar con mi rostro y ver mi cabello ondeando de un lado a otro.
Hasta que por fin se detuvieron; era mi turno.
Subí a una de las sillas, al comienzo las vueltas eran lentas; estuve preparándome para dejar a un lado lo que tenia en la cabeza antes de todo aquello.
Permanecí elevándome cada vez con más rapidez, se pronunciaba la adrenalina en mi cuerpo llenando cada milímetro de el; envenenándome sin control.
Los rizos de mi cabello se enredaban unos con otros y se estremecían mis poros; no tenia reminiscencia de algo parecido, salvo las veces que drogaba mis neuronas para volar a la nada y escapar del suplicio, es inefable simplemente.

Estuve girando por mucho tiempo; eran tantas vueltas como gotas de lluvia que derramaba el cielo en ese momento, se resbalaban por la piel y encajaban en la permeabilidad de mi tibieza, mezclándose con el sudor y el deseo de vivir que me seducía paulatinamente.
Entonces las proezas del subconsciente ardían y saturaban la sublimidad del placer real ^^ .
 
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