LOLA PEREZ
Poeta veterano en el portal
Era una mañana limpia, el alba llevaba aromas de primavera, aun no había del todo amanecido, cuando Juan salio de su casa para ir al trabajo, en la parada del autobús encontró un pequeño, que acurrucado sobre el banco dormitaba tembloroso.
No se sintió con fuerzas para coger el bus y dejar allí a ese niñoal carajo el trabajo, pensó.
Se agacho y observo que el pequeño respiraba con cierta dificultad, el niño abrió sus grandes ojos y muy asustado se lanzo en una atroz carrera, Juan le siguió y cuando le alcanzo le dijo, no temas, ningún daño te voy a hacer, el pequeño no le entendía y Juan pensó; con un abrazo se le han de quitar los miedos.
El efecto fue tal, que el pequeño ni se quería separar de esos brazos, que él sentía protectores.
Se le llevo a casa, aun a sabiendas que era un niño de patera ¿Que le podía pasar? el no hacia mal a nadie dando cobijo a un necesitado.
Sus hijos aun no habían salido para ir al colegio, Marta, enseguida le ofreció al pequeño
un baño calentito, el niño se negaba, tenia miedo y Marta pensó; quizás sea mejor cubrir la necesidad del hambre, le sentó a la mesa con sus hijos- el niño no alcanzaría a tener los siete años- los niños le miraban con cierto recelo, el pequeño parecía muy uraño.
Los hijos de Juan se despidieron y salieron para el colegio.
Marta se encargo del pequeño, le dejo un rato a su aire y cuando entendió que el niño no estaba tan asustado, le volvió a ofrecer un baño caliente, se lanzo a sus brazos, necesitaba cariño, lo tenía que haber pasado muy mal, ella era consciente del sufrimiento que esa criatura debía de llevar dentro, el pequeño se quedo un largo tiempo acurrucado en el regazo de Marta, ella sentía un amor especial por esa criatura desvalida, que por azar había llegado a sus brazos.
Cuando llego Juan decidieron darle el baño, el pequeño había cambiado su rictus, su carita, era muy dulce, se baño como con cierto recelo, Marta saco ropa de uno de sus pequeños y vistió al niño.
¿Y ahora qué? Pensó, no podemos quedarnos con el y si lo dejamos... ¿En que manos quedara?
En ese instante, la limpia mañana de primavera ensombreció hasta más allá del ocaso las almas puras de Juan y Marta.
Lola Pérez
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