BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llevo la noche
como un musgo
apretado entre mis nalgas,
solamente para decirme
taciturno, viejo, amigo,
vete, no salgas, olvida.
Yo le hago caso,
me olvido de la noche,
la oportunidad que me brinda,
las estrellas como diapasones,
los relojes apagados, las mentiras
hipócritas que nublan la mirada.
Llevo la noche
como un musgo apretado
entre mis glúteos,
solamente para decirme
tus amigos no lo son tanto.
Aprendo de ellos,
de su glacial mirada,
de su espanto en retirada,
de su sombra sin esperanza,
donde anidan los felices contubernios.
Llevo tanta noche
que me agradan las estrellas.
Tan felices que me asedian.
Tan hostiles que me buscan.
Y yo soy feliz a mi manera.
Tengo los pies condenados
a huir por sus praderas.
Solamente soy un viejo,
apedreado por la vieja noche
astuta. Sus recelos son los míos.
Soy el viejo perfecto. Aniquilo
los ríos y fluidos, meto en las
carpetas los ruidos de las moscas.
Soy tan sonoro como un pedo.
En mitad de la noche, todo se escucha.
Hasta las plegarias viejas y nobles
de un viejo.
Me agrada la saciedad de la noche.
Su profética mirada. La barba
adolescente que me asombra.
Los ríos que cuelgan como ramos
sobre los semilleros nocturnos.
Río entre dientes, mascullo.
Balbuceo el siguiente poema.
Hasta las raíces del trueno
o de la luz.
©
como un musgo
apretado entre mis nalgas,
solamente para decirme
taciturno, viejo, amigo,
vete, no salgas, olvida.
Yo le hago caso,
me olvido de la noche,
la oportunidad que me brinda,
las estrellas como diapasones,
los relojes apagados, las mentiras
hipócritas que nublan la mirada.
Llevo la noche
como un musgo apretado
entre mis glúteos,
solamente para decirme
tus amigos no lo son tanto.
Aprendo de ellos,
de su glacial mirada,
de su espanto en retirada,
de su sombra sin esperanza,
donde anidan los felices contubernios.
Llevo tanta noche
que me agradan las estrellas.
Tan felices que me asedian.
Tan hostiles que me buscan.
Y yo soy feliz a mi manera.
Tengo los pies condenados
a huir por sus praderas.
Solamente soy un viejo,
apedreado por la vieja noche
astuta. Sus recelos son los míos.
Soy el viejo perfecto. Aniquilo
los ríos y fluidos, meto en las
carpetas los ruidos de las moscas.
Soy tan sonoro como un pedo.
En mitad de la noche, todo se escucha.
Hasta las plegarias viejas y nobles
de un viejo.
Me agrada la saciedad de la noche.
Su profética mirada. La barba
adolescente que me asombra.
Los ríos que cuelgan como ramos
sobre los semilleros nocturnos.
Río entre dientes, mascullo.
Balbuceo el siguiente poema.
Hasta las raíces del trueno
o de la luz.
©