Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
En la fiesta, Euterpe.
en la fiesta, fanales, césped, pileta,
ruido de pescadores
y de pesca,
relumbraba, sentada
sobre un banco
un lirio,
no, un cisne,
no, un sueño dentro de un sueño.
en la fiesta, crecía la zarza
sobre un desierto,
y más allá, cruzando
los collados azules
y el cielo enamorado
del corazón,
escuchaba callado, en la barca, susurrar a aquella zarza.
la zarza decía existe en el cosmos
una serpiente forjada
en fuego
que deambula,
erguida su corona
de estrellas,
sobre la bóveda, la Tierra, y atraviesa el Pueblo.
la zarza, o sea el sueño, miraba como miran las estrellas.
--------------------
entonces sentí su fuego, y sus pupilas eran soles
cayendo de las órbitas,
derribando,
rodando, destrozando el cenit nocturno
en el se pierde la ciudad.
entonces sentí la fuerza, y entendí que la zarza me hablaba en el lenguaje del amor.
-----------------
era sumamente extraño, el Poeta encontraba en su desierto
una zarza.
creo que miré, por primera vez, el cielo,
ella señaló hacia él y dijo
con su semblanza de canéfora
que las estrellas, ese día, resplandecían con fuerza.
luego, reavivó con sus dedos el pez de su boca, y
tres voces de miel, de tilo, de espuma,
enlazaron la serpiente de fuego para sembrarla sobre mi boca.
pero lo que no supe cómo decirle, era que las estrellas,
esa noche, solitarias en sus cuevas de silencio,
sólo brillaban para iluminarla,
para reconocerla en el contorno de la dulce, bella Euterpe.
----------------
estaba revestida de polvo de estrellas, y aunque sentada,
su mente danzaba sobre el mar.
-----------------
pensé que días atrás había contemplado edificios
que eran ángeles, rígidos,
coronados por los Jinetes,
pértiga en mano, de encarnado neón.
pensé que algún día esos ángeles despertarían
enojados,
y las esferas de lumbre estallarían
sobre las calles,
y el niño con el signo de la serpiente en su frente
ya no reverdecería, pues se lo habría consumido su Pasión.
--------------------
pero ella miraba como miran las estrellas.
------------
pero ella reía señalando las estrellas, y los Jinetes
embelesados,
sembrando ríos de canela
y dalias,
entumecían, de bruces,
ruborizados sin poder dejarla de mirar. una flor que danza en la eternidad.
____________________________________________________Euterpe dentro de mi amor.
en la fiesta, fanales, césped, pileta,
ruido de pescadores
y de pesca,
relumbraba, sentada
sobre un banco
un lirio,
no, un cisne,
no, un sueño dentro de un sueño.
en la fiesta, crecía la zarza
sobre un desierto,
y más allá, cruzando
los collados azules
y el cielo enamorado
del corazón,
escuchaba callado, en la barca, susurrar a aquella zarza.
la zarza decía existe en el cosmos
una serpiente forjada
en fuego
que deambula,
erguida su corona
de estrellas,
sobre la bóveda, la Tierra, y atraviesa el Pueblo.
la zarza, o sea el sueño, miraba como miran las estrellas.
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entonces sentí su fuego, y sus pupilas eran soles
cayendo de las órbitas,
derribando,
rodando, destrozando el cenit nocturno
en el se pierde la ciudad.
entonces sentí la fuerza, y entendí que la zarza me hablaba en el lenguaje del amor.
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era sumamente extraño, el Poeta encontraba en su desierto
una zarza.
creo que miré, por primera vez, el cielo,
ella señaló hacia él y dijo
con su semblanza de canéfora
que las estrellas, ese día, resplandecían con fuerza.
luego, reavivó con sus dedos el pez de su boca, y
tres voces de miel, de tilo, de espuma,
enlazaron la serpiente de fuego para sembrarla sobre mi boca.
pero lo que no supe cómo decirle, era que las estrellas,
esa noche, solitarias en sus cuevas de silencio,
sólo brillaban para iluminarla,
para reconocerla en el contorno de la dulce, bella Euterpe.
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estaba revestida de polvo de estrellas, y aunque sentada,
su mente danzaba sobre el mar.
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pensé que días atrás había contemplado edificios
que eran ángeles, rígidos,
coronados por los Jinetes,
pértiga en mano, de encarnado neón.
pensé que algún día esos ángeles despertarían
enojados,
y las esferas de lumbre estallarían
sobre las calles,
y el niño con el signo de la serpiente en su frente
ya no reverdecería, pues se lo habría consumido su Pasión.
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pero ella miraba como miran las estrellas.
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pero ella reía señalando las estrellas, y los Jinetes
embelesados,
sembrando ríos de canela
y dalias,
entumecían, de bruces,
ruborizados sin poder dejarla de mirar. una flor que danza en la eternidad.
____________________________________________________Euterpe dentro de mi amor.