Aquel día era igual que cualquiera, igual de hermoso, igual de triste, de frio
. De gris
.
Ese día trece caminaba por la ciudad que parecía un gran cementerio, la lluvia laceraba mi rostro, mi alma, mi amor; un amor que alguien hace un tiempo lo tomo como un trofeo, lo exhibió como un animal exótico, lo utilizó como un juguete y cuando se canso de el, lo arrojo al piso como se arroja las monedas que se cree ya no sirven, por que llego a tener una riqueza en la cual unos cuantos centavos no representan mayor cosa; aquel día miraba la gente pasar, frente a mi desfilaron doctores, abogados, arquitectos, secretarias, mendigos, un sacerdote, dos chicas adineradas que solo criticaban y hablaban de lo mal que nos vestimos los góticos, la tarde cada ves era mas oscura, hermosa y fría, la ciudad se asemejaba mas a un grande y bello panteón empezaban ya a dibujarse las sangrientas sombras de los que aparentan no tener nada que ocultar pero que a la vez se dicen ser buenos padres, pobres, santos, mujeres de su casa, quienes muestran falsamente ser felices .
Aquel día trece llegaba ya a su fin, creí que nadie se interesaría por unos cuantos centavos tirados por el piso, me fui dando cuenta que los años pasan rápido, que cuando somos niños lo rápido se nos hace lento, que todos por algo lloramos, que las risas no siempre son de felicidad, que las lagrimas en ocasiones no son el reflejo de la tristeza, que los amigos no darían la vida por nosotros, que nuestros enemigos muchas veces no nos desean el mal, que las miradas a veces no dicen nada y que a veces no decimos nada para hablar con la mirada, que en un tiempo me convencí de ser alguien que no fui pero estoy muy agradecido por ser quien soy, aquel bonito día, frio, gris, lleno de sombras sangrientas en este bellísimo cementerio que es mi ciudad alguien recogió los centavos del piso y comprendí que el amor no se compra, no se negocia, que no se lo espera, que no es un riesgo que se toma, ese día entendí que el amor es una cruz, que es una pena llena de luz y me convencí que lo que llamamos amor es un hada que sabe que el querer no tiene precio ni moda, que es sencilla y espontanea, en fin que el amor eres tu.
[/B]Ese día trece caminaba por la ciudad que parecía un gran cementerio, la lluvia laceraba mi rostro, mi alma, mi amor; un amor que alguien hace un tiempo lo tomo como un trofeo, lo exhibió como un animal exótico, lo utilizó como un juguete y cuando se canso de el, lo arrojo al piso como se arroja las monedas que se cree ya no sirven, por que llego a tener una riqueza en la cual unos cuantos centavos no representan mayor cosa; aquel día miraba la gente pasar, frente a mi desfilaron doctores, abogados, arquitectos, secretarias, mendigos, un sacerdote, dos chicas adineradas que solo criticaban y hablaban de lo mal que nos vestimos los góticos, la tarde cada ves era mas oscura, hermosa y fría, la ciudad se asemejaba mas a un grande y bello panteón empezaban ya a dibujarse las sangrientas sombras de los que aparentan no tener nada que ocultar pero que a la vez se dicen ser buenos padres, pobres, santos, mujeres de su casa, quienes muestran falsamente ser felices .
Aquel día trece llegaba ya a su fin, creí que nadie se interesaría por unos cuantos centavos tirados por el piso, me fui dando cuenta que los años pasan rápido, que cuando somos niños lo rápido se nos hace lento, que todos por algo lloramos, que las risas no siempre son de felicidad, que las lagrimas en ocasiones no son el reflejo de la tristeza, que los amigos no darían la vida por nosotros, que nuestros enemigos muchas veces no nos desean el mal, que las miradas a veces no dicen nada y que a veces no decimos nada para hablar con la mirada, que en un tiempo me convencí de ser alguien que no fui pero estoy muy agradecido por ser quien soy, aquel bonito día, frio, gris, lleno de sombras sangrientas en este bellísimo cementerio que es mi ciudad alguien recogió los centavos del piso y comprendí que el amor no se compra, no se negocia, que no se lo espera, que no es un riesgo que se toma, ese día entendí que el amor es una cruz, que es una pena llena de luz y me convencí que lo que llamamos amor es un hada que sabe que el querer no tiene precio ni moda, que es sencilla y espontanea, en fin que el amor eres tu.
Cliens.