Byroniana
Poeta fiel al portal
(Proyecto de una novela)
En el principio de mí
Sé qué es lo que me reconcome. Ahora sé qué me causa pena por encima de todas las penas. Jamás podré decir con exactitud cuándo estuvo conmigo y cuando se marchó de mí, pero estaba y está aquí dentro, rozando el espacio entre el alma y el corazón.
Busco otro tiempo entre las cenizas de una historia, real o ilusa; busco otra época, que quizá sólo existe en mí y en nada más.
Al principio amaneció con una pequeña luz, tan aparentemente infinita que el corazón me revoloteaba al beber de ella. Luego, se apagó, mi ánimo encareció en tristeza, y la soledad tomó trono en su celda, arraigando una desconfianza del mundo totalmente inexpresable. Después, esta luz, apareció por segunda vez con una intensidad mucho más fuerte y cálida. Entonces, la más mínima duda se convertía en desesperación. Y lo rechacé todo. Quería un planeta lleno de almas que se fusionan las unas a las otras, quería que el sentimiento y energía de todas las épocas, me fueran devueltos en un solo momento, con un solo escenario, con una sola persona. Con la primera que llegara y endulzara un poco este corazón tan frío y tan ardiente
Qué fuerte y qué débil soy. Sí, entiendo la razón por la que la alegría y el pesar se suceden en mí de un modo tan estruendoso. Porque tengo todo y no tengo nada. Porque el espíritu de la belleza de un Todo que ha de llegar, me pertenece, y a la vez nunca será mío. Es difícil soportar el destino que me corresponde en estos días, en estos años, que pienso no son los míos. Pero mi hogar es lo que difiere del sepulcro. La vida que yo anhelo se desprende de la carne y libera mi alma hacia los rincones de las cuevas, hacia las arenas, hacia el destino del viento que mece los árboles.
¡Ay! La vida es imperfecta en su perfección, y si no hay obstáculos, si no hay sufrimiento, no se puede lidiar para alcanzar la libertad.
Yo, mientras tanto, vago por los valles sombríos; vago por toda esa esencia lúgubre, adormecida por el compás del silencio. Así, cierro los ojos y tantas veces siento dolor, un dolor lleno de pasión, de fuerza; un dolor lleno de aliento y de lágrimas. Agonizo de estar aquí encerrada, con el alma cortada de golpear los barrotes de mi prisión. Toda la belleza la encuentro en mis paseos por las noches, donde esa aflicción que respiro me da inspiración a mis poemas, y yo, como enamorada, resueno en el refulgir de mi mundo.
En el principio de mí
Sé qué es lo que me reconcome. Ahora sé qué me causa pena por encima de todas las penas. Jamás podré decir con exactitud cuándo estuvo conmigo y cuando se marchó de mí, pero estaba y está aquí dentro, rozando el espacio entre el alma y el corazón.
Busco otro tiempo entre las cenizas de una historia, real o ilusa; busco otra época, que quizá sólo existe en mí y en nada más.
Al principio amaneció con una pequeña luz, tan aparentemente infinita que el corazón me revoloteaba al beber de ella. Luego, se apagó, mi ánimo encareció en tristeza, y la soledad tomó trono en su celda, arraigando una desconfianza del mundo totalmente inexpresable. Después, esta luz, apareció por segunda vez con una intensidad mucho más fuerte y cálida. Entonces, la más mínima duda se convertía en desesperación. Y lo rechacé todo. Quería un planeta lleno de almas que se fusionan las unas a las otras, quería que el sentimiento y energía de todas las épocas, me fueran devueltos en un solo momento, con un solo escenario, con una sola persona. Con la primera que llegara y endulzara un poco este corazón tan frío y tan ardiente
Qué fuerte y qué débil soy. Sí, entiendo la razón por la que la alegría y el pesar se suceden en mí de un modo tan estruendoso. Porque tengo todo y no tengo nada. Porque el espíritu de la belleza de un Todo que ha de llegar, me pertenece, y a la vez nunca será mío. Es difícil soportar el destino que me corresponde en estos días, en estos años, que pienso no son los míos. Pero mi hogar es lo que difiere del sepulcro. La vida que yo anhelo se desprende de la carne y libera mi alma hacia los rincones de las cuevas, hacia las arenas, hacia el destino del viento que mece los árboles.
¡Ay! La vida es imperfecta en su perfección, y si no hay obstáculos, si no hay sufrimiento, no se puede lidiar para alcanzar la libertad.
Yo, mientras tanto, vago por los valles sombríos; vago por toda esa esencia lúgubre, adormecida por el compás del silencio. Así, cierro los ojos y tantas veces siento dolor, un dolor lleno de pasión, de fuerza; un dolor lleno de aliento y de lágrimas. Agonizo de estar aquí encerrada, con el alma cortada de golpear los barrotes de mi prisión. Toda la belleza la encuentro en mis paseos por las noches, donde esa aflicción que respiro me da inspiración a mis poemas, y yo, como enamorada, resueno en el refulgir de mi mundo.
