XAnnX
Poeta adicto al portal
Entrando me quito el alma y la dejo afuera, bajos por las escaleras eléctricas y compro un ticket. Luego lo meto por una maquina que lo pasa rápidamente y sale del otro lado de la maquina. Paso por el torniquete y tomo el ticket. Bajo a donde se toma el metro. A mi alrededor tengo a muchas personas más que han dejado afuera su alma, sus problemas y sólo llevan un sentido de cronometro para llegar rápidamente a su destino, al igual que yo. Todos con su cara seria y viendo a las personas a su alrededor. Algunos están simplemente sumidos en ellos mismos, pensando en como resolverán los problemas del día a día y lo tarde que llegaran a su punto de encuentro. Nos montamos todos en un puño al vagón, a empujones entramos a pesar de que ya adentro este lleno, porque necesitamos entrar.
Dentro del vagón no hay aire acondicionado, todos comenzamos a sudar. Sentimos nuestro aroma, nos sentimos todos tan cerca y tan unidos, nos miramos a los ojos mientras otros hablan o se leen el periódico sentados cómodamente sin aire. Todos venezolanos en un mismo lugar y tan juntos que el respirar es agobiante. Llegamos a una estación y entra más gente, pero también sale gente. Caracas nuevas y más calor, menos oxígeno cada vez. Seguimos en el vagón muy juntos. Luego llego a mi destino y salgo con las pocas fuerzas que me quedan ya. Meto de nuevo el ticket por la maquina y paso por el torniquete hacia fuera del lugar de la seriedad. Afuera, en la calle, me espera mi alma. Entra en mí de nuevo y me siento viva otra vez. Ahora si puedo sonreír de nuevo y respirar tranquilamente el aire lleno de smoke. Luego llego a mi destino hablando de lo fastidioso que es montarse en el metro, pero que bueno es sentir tan cerca al venezolano.
Dentro del vagón no hay aire acondicionado, todos comenzamos a sudar. Sentimos nuestro aroma, nos sentimos todos tan cerca y tan unidos, nos miramos a los ojos mientras otros hablan o se leen el periódico sentados cómodamente sin aire. Todos venezolanos en un mismo lugar y tan juntos que el respirar es agobiante. Llegamos a una estación y entra más gente, pero también sale gente. Caracas nuevas y más calor, menos oxígeno cada vez. Seguimos en el vagón muy juntos. Luego llego a mi destino y salgo con las pocas fuerzas que me quedan ya. Meto de nuevo el ticket por la maquina y paso por el torniquete hacia fuera del lugar de la seriedad. Afuera, en la calle, me espera mi alma. Entra en mí de nuevo y me siento viva otra vez. Ahora si puedo sonreír de nuevo y respirar tranquilamente el aire lleno de smoke. Luego llego a mi destino hablando de lo fastidioso que es montarse en el metro, pero que bueno es sentir tan cerca al venezolano.