Piensas en un todo que se vuelve una nada. Es hora de aclarar, lleva un poco de luz a ese lugar profundo y no temas observar. No te asustes por los gritos que puedan hacer sangrar tus oídos. Y no temas cuando sientas sus gélidas manos sobre tu cuerpo. Toca sus rostros y la vida oculta en sus ojos húmedos. Siente cómo sus labios muerden aún, pero no lastiman. Ellos gritarán para que te alejes, porque están a salvo, están seguros en la oscuridad. Pero tu no estás a salvo. Observa bajo sus pies la tierra enferma, sus manos pudren los muros, sus voces contaminan tu aliento. Son pequeños y fuertes, cada uno con su sombra solemne y gigante. Borra su sombra si puedes. Cuando llegues a ellos busca su alma y cuando la encuentres, entre los vidrios rotos que tragaron, ellos hablarán y te contarán para luego desaparecer. Si algún día llegas vas a salvarme.