IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Visitando
los lugares más recónditos de mi cielo,
conozco mis miedos,
pero no lo que hay más allá,
se dilucidar los cielos a cada paso,
como si me invitasen a seguir caminando,
aguardando internamente por un límite,
admiro los ocasos de cada sueño,
que se soñarían por simple deseo,
o por fuerte necesidad,
la cuestión
es que me cuestiono toda causa,
porque uno casi nunca decide pasivamente,
el tiempo nos carcome
como una larva a una hoja,
como una dolorosa historia
a una frágil cordura,
como una hermosa fortuna
a un alma sentenciada,
caminando y caminando,
he llegado a un espacio,
sin suelo ni viento,
adelante
dos pasos más y caería sin retorno,
atrás
me susurran en un idioma que desconozco,
entre reflejos acuosos
logro dilucidar la silueta de una mujer,
pero no logro acercarme,
mis pies hundidos
en una especie de masa
tan densa como pesada,
lentamente mi cuerpo se entumece,
y mi última visión
me aclara mi último miedo,
mi madre
se ha convertido en estatua,
me confirma aquel lenguaje,
que nunca más he de apreciarla con vida,
se me silencia entre un último suspiro
y he de desear no caer al vacío,
que no seamos olvido,
que nuestros recuerdos
fueran ese cielo frondoso
en donde nadie debería de temerle
a su caminar.
los lugares más recónditos de mi cielo,
conozco mis miedos,
pero no lo que hay más allá,
se dilucidar los cielos a cada paso,
como si me invitasen a seguir caminando,
aguardando internamente por un límite,
admiro los ocasos de cada sueño,
que se soñarían por simple deseo,
o por fuerte necesidad,
la cuestión
es que me cuestiono toda causa,
porque uno casi nunca decide pasivamente,
el tiempo nos carcome
como una larva a una hoja,
como una dolorosa historia
a una frágil cordura,
como una hermosa fortuna
a un alma sentenciada,
caminando y caminando,
he llegado a un espacio,
sin suelo ni viento,
adelante
dos pasos más y caería sin retorno,
atrás
me susurran en un idioma que desconozco,
entre reflejos acuosos
logro dilucidar la silueta de una mujer,
pero no logro acercarme,
mis pies hundidos
en una especie de masa
tan densa como pesada,
lentamente mi cuerpo se entumece,
y mi última visión
me aclara mi último miedo,
mi madre
se ha convertido en estatua,
me confirma aquel lenguaje,
que nunca más he de apreciarla con vida,
se me silencia entre un último suspiro
y he de desear no caer al vacío,
que no seamos olvido,
que nuestros recuerdos
fueran ese cielo frondoso
en donde nadie debería de temerle
a su caminar.